2026-01-16

¿Qué miran las autoridades cuando hablan de una temporada digna para el sector turístico?

El discurso oficial hace foco en estadísticas y habla de un turismo en recuperación. Pero playas sin bañistas, campings despoblado y hoteles sin reservas, son el marco de otra temporada desesperante para el sector.

Las autoridades vuelven a insistir con un relato que, puertas afuera, suena alentador: el turismo muestra señales de recuperación respecto del año pasado. Para sostenerlo, exhiben estadísticas que —casualmente— siempre superan el 80% de ocupación. Números prolijos, redondos y optimistas.

Sin embargo, el relato oficial tiene letra chica. Porque cuando se corre el foco del fin de semana, la realidad cambia. De lunes a jueves, la actividad se desploma. Aun así, el discurso se apoya en los picos de viernes, sábado y domingo para maquillar una temporada que, en el promedio real, está lejos de ser “digna”.

Del otro lado del mostrador, la percepción es diametralmente opuesta. Los prestadores turísticos no hablan de recuperación ni de rebote. Hablan de desconcierto. De habitaciones vacías. De mesas sin comensales. De promociones forzadas que rozan —y muchas veces cruzan— el límite de la no rentabilidad.

Hoteleros, gastronómicos y comerciantes coinciden en el diagnóstico: no es una temporada mala, es una temporada de subsistencia. Nadie proyecta, nadie invierte, nadie celebra. El objetivo es resistir, pagar costos fijos y llegar al final del verano sin cerrar las puertas.

Entonces la pregunta se impone: ¿qué miran las autoridades cuando hablan de una temporada aceptable? ¿Qué indicadores pesan más, los porcentajes difundidos en conferencias o la realidad cotidiana de quienes sostienen el turismo con su trabajo?

Porque si la actividad solo funciona tres días a la semana y el resto se sobrevive con descuentos desesperados, el problema no es de percepción. Es de diagnóstico. Y mientras el discurso oficial siga mirando gráficos, el sector seguirá mirando la caja… y contando pérdidas.

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