Por Roberto Romani
Madrecita azul y blanca!!
Corría el año 1630.
La carreta que se dirigía a Sumampa, Santiago del Estero, se detuvo en el Paraje Zelaya, a orillas del río Luján.
Al día siguiente, los bueyes no pudieron moverla.
Cuando bajaron el cajón con la Imagen de la Inmaculada, los viajeros lograron continuar el viaje.
El hacendado Rosendo de Trigueras encargó a un esclavo, el "Negrito" Manuel, que cuide el preciado trofeo espiritual.
A su muerte, Ana de Mattos instaló un oratorio.
El 8 de mayo de 1887, el Papa León Xlll procede a la coronación pontificia.
Desde entonces, la Virgen de Luján protege a nuestra patria, y también a los hermanos orientales y paraguayos.
Es al mismo tiempo guía espiritual de las rutas, de los ferrocarriles y de la Policía Federal.
El bello templo, que congrega cada día a miles de peregrinos, fue inaugurado el 8 de diciembre de 1930, otorgándole el Papa Pío Xl el título de Basílica.
En varias ocasiones conversamos con el padre Luis Jeannot Sueyro sobre los milagros de la virgen.
Una tardecita de viento y lluvia en pagos de Alarcón, el "cura gaucho" me entregó un poema para que lo musicalizara; y de esta forma pudiera andar en boca del pueblo.
Ya han pasado 45 años de aquel encuentro fraterno y de la obra inaugurada.
Sin embargo, aún percibo en mi corazón la cercanía amorosa del amigo, y el compromiso de cantar hasta al fin el chamamé "Madrecita azul y blanca".
Yo hablé una vez con la virgen.
Era en Luján, lloviznaba.
Y el gran dolor argentino
me llovía sobre el alma.
Estaba solo ante Dios,
crucificado en mi patria.
Buscaba la albiceleste
entre el humo de las fábricas.
Buscaba huellas de historia
en las calles asfaltadas.
Buscaba el alma argentina
en mis hermanos de raza.
Haz que vuelva San Martín,
nuestro santo de la espada;
haz que Belgrano, de nuevo,
levante la enseña patria.
Virgencita de Luján,
madrecita azul y blanca.
Devuélvenos la Argentina;
danos Dios y danos patria.
Virgencita de Luján,
madrecita azul y blanca.
ROBERTO ROMANI