Corpus Christi: Monseñor Héctor Zordán destacó la Eucaristía como fuente de discipulado, vida y comunión
La celebración tuvo un carácter especial debido al Año Jubilar que vive la Iglesia con motivo de un nuevo centenario vinculado a San Francisco. En ese contexto, el templo de San Francisco de Asís fue designado como lugar jubilar para la diócesis, motivo por el cual la solemnidad de Corpus Christi se desarrolló allí.
Al iniciar su homilía, Zordán explicó que tanto las lecturas bíblicas como las oraciones de la liturgia permiten profundizar distintos aspectos del misterio eucarístico. A partir de los textos proclamados, propuso reflexionar sobre tres dimensiones fundamentales de la Eucaristía.
Tomando como referencia el discurso del Pan de Vida del Evangelio de San Juan, el obispo señaló que Jesús se presenta como el verdadero pan que alimenta la vida de los creyentes y que la comunión implica mucho más que un gesto ritual.
“Comer el cuerpo de Jesús es entrar en comunión con Él”, expresó, explicando que esa comunión supone dejar que Cristo ocupe el centro de la existencia personal, iluminando las decisiones, los pensamientos y el modo de vivir.
En ese sentido, afirmó que participar de la Eucaristía, realizar la comunión espiritual o adorar al Santísimo Sacramento ayuda a los cristianos a convertirse en “más y mejores discípulos de Jesús”, permitiendo que Él permanezca en la vida de cada persona.
El segundo aspecto desarrollado por el obispo estuvo relacionado con la vida que brota de la Eucaristía. Recordó las palabras de Jesús: “El que me come vivirá por mí”, destacando que Cristo resucitado es la fuente de una vida plena y definitiva.
Zordán retomó una expresión del Papa Francisco que suele citar con frecuencia: “Él vive y te quiere vivo”, para subrayar que cada encuentro con la Eucaristía fortalece la vida nueva que Jesús ofrece a sus discípulos.
Asimismo, señaló que vivir de la Eucaristía significa también vivir para Cristo, haciendo que su mensaje sea cada vez más conocido y seguido por otros.
En la última parte de su reflexión, el obispo puso el acento en la dimensión comunitaria del sacramento. Citando la enseñanza de San Pablo, recordó que quienes participan del mismo pan se convierten en un solo cuerpo en Cristo.
“La Iglesia surge de la Eucaristía”, afirmó, al señalar que cada celebración fortalece la comunión entre los creyentes y consolida la identidad eclesial de las comunidades.
En este marco, invitó a repensar las celebraciones dominicales como una tarea de toda la comunidad y no únicamente del sacerdote o de los equipos de liturgia. Consideró que la Misa debe expresar y fortalecer la fraternidad entre los miembros de la Iglesia.
Finalmente, relacionó esta realidad con el camino de la sinodalidad que impulsa actualmente la Iglesia. “La Eucaristía es la fuente de la sinodalidad”, sostuvo, porque en ella confluyen diversos ministerios y servicios que permiten caminar juntos como Pueblo de Dios.
Monseñor Zordán concluyó señalando que la participación constante en la Eucaristía debe ayudar a las comunidades a crecer en comunión, fortalecer los vínculos fraternos y convertirse en comunidades “más unidas, más vivas y más como Jesús nos soñó”.
Fotos: Obispado de Gualeguaychú