2026-06-07

No tan anónimos

La historia del ex cura Javier Asín que hoy ayuda en la recuperación de adicciones y lleva el Evangelio a la cárcel, de la mano de su pasión: el fútbol

De chico supo de esa vocación que lo llevó primero a la Acción Católica, luego a ingresar al Seminario local. Fue un sacerdote muy activo y no esquivó situaciones complicadas. Hoy es una pieza indispensable en el Hogar de Cristo ayudando en la recuperación de adicciones y un gran consejero en la Unidad Penal local. Con la pelota de fútbol bajo el brazo abrió puertas inesperadas. Una historia para leer, de un personaje “No tan anónimo”.

Primeros pasos

Nuestro entrevistado nació en Concepción del Uruguay, allá por el año 1972, habitante del barrio María Auxiliadora, muy cerquita del Ejército. "Menciono los lugares porque tuvieron que ver con todo lo que fue la etapa de crecimiento y todo lo lindo que pude vivir", recuerda con afecto.

Y marcamos María Auxiliadora, como barrio, con mayor significación porque era el lugar de su parroquia, donde, a los ocho años, “ingresó a la Acción Católica, solamente como oyente, junto a un hermano, un año y medio mayor, que ya estaba en el grupo de aspirantes”, agrega. Pero hay otro dato que lo caracteriza de manera pasional y es que “me atraía que todos los sábados, como parte de las actividades que tenían, jugaban al fútbol en la canchita de la parroquia”.

“Y fue bellísimo, porque desde ahí empezamos a hacer todo un caminito, donde la propia iglesia se fue encargando de acompañarnos en todas las etapas del crecimiento”, acota Asín.

Al mismo tiempo, comienza una etapa dentro de Gendarmería, ubicada muy cerca de su casa, ya que entusiasmado ingresó a la fuerza, porque “en ese entonces, con ocho años, vos podías ingresar a formar parte de lo que se llamaba la Gendarmería Infantil. Ahí recibías parte de instrucción militar, orden cerrado con actividades de fajina, con posibilidades de realizar algunos talleres de talabartería, zapatería, carpintería, mecánica automotriz, etc. Y en su momento llegamos a ser 240, 280 gendarmes infantiles. Ahí podíamos hacer todo nuestro paso por la gendarmería entre los 8 y los 15 años, donde había también toda una escala jerárquica que podías ir recorriendo”, informa.

Con todas las reglas de Gendarmería, Javier no dudó en comprender eso de “formar buenos ciudadanos, constructores de ciudadanía”. Al año recibe un premio: acceder al grado inmediato superior del que empezó, es decir, un ascenso, el primero, y comenzaba a hacer carrera, con un grupo a cargo con solo 9 años. Recorrido que hace hasta los 13, sumando dos ascensos anuales.

 

Estudio y dos banderas

Mientras tanto, cursaba en la escuela del barrio, más la Acción Católica; llega al cargo máximo en Gendarmería, donde lo condecoran como abanderado, justo al mismo tiempo en que recibe la bandera en la escuela, pasando de sexto a séptimo grado. Doblete para el Javier de ese tiempo.

Decide alejarse de la fuerza, llegando al cargo mayor de Gendarmería Infantil, justo al ingresar al secundario en el colegio Don Bosco, con orientación religiosa, pero con un dato importante para su gran pasión: “tenía una canchita hermosa y el fútbol siempre me iba marcando”, sumado a la habilidad como lanzador de jabalina que lo lleva a ingresar al equipo de atletismo de la ciudad.

Repasemos: Acción Católica, Gendarmería, fútbol y atletismo, más el estudio.

 

Javier, el atleta

El lanzamiento de la jabalina lo llevó a Mar del Plata a competir en el torneo de la Liga Nacional Intercolegial, donde logra ser subcampeón en su categoría. “Éramos como 70 competidores, y yo decía que entrar entre los 40 sería genial. En la primera ronda, nos avisan que íbamos a tener tres lanzamientos por ronda y que las seis mejores marcas iban a tener derecho a otros tres tiros más. En esa primera incursión de lanzamientos estoy cuarto. Yo dije: "Pucha, entre tantos estar cuarto es un montón. Segunda ronda de lanzamiento, estoy segundo, tercera ronda de lanzamiento, primero. Ya me venía con la medalla dorada colgada al cuello, cosa que era totalmente impensada. Cuarta ronda de lanzamiento, sigo primero. Quinta ronda de lanzamiento, justo calma el viento que lo teníamos en contra, más una llovizna intensa. Calma el aire y justo un muchachito del sur engancha ese momento y me sacó unos 5 metros de distancia”.

 

Primera misión

Hay otros momentos de su vida que Javier rescata y que los recuerda así: “Cuando estoy en el anteúltimo año de secundaria, me invitan a participar de una misión rural de verano, con un grupo grande de misioneros de distintos lugares de la provincia, y empezamos a hacer un caminito de preparación re linda con eso. Todo en función de la misión. Y eso, de alguna manera, como que me fue moviendo evidentemente algunas fibras ya desde los 8 años, que es cuando arranco con Acción Católica”, afirma.

Agrega luego: “Ese año tengo mi primer campamento también de Acción Católica y el padre Beto Benetti, que era el párroco de María Auxiliadora, se sienta en un silloncito playero amarillo y blanco y dice: ‘Tengo unas estampitas para repartirles'. Son en su mayoría de María Auxiliadora y hay muy poquitas, por no decir que son sólo dos o tres, de Don Bosco.

Y el cura, cuya palabra era santa, agrega: "Vamos a tomar como un signo de Dios que aquel que recibe una estampita de Don Bosco será porque evidentemente Dios le está pidiendo que le entregue su vida en el servicio, sea en la vida religiosa, sea en el sacerdocio, en lo que sea, pero es el signo de que les está pidiendo que le entreguen su vida". Todos haciendo cola y esperando recibir la de MA pero justo me tocó la de Don Bosco. Vuelvo a casa a contarle a mi madre lo que había pasado y lo que el cura había dicho, por lo que ella puso paños fríos y me dijo: "Vamos a esperar a terminar la primaria y después de que termines vemos cómo sigue la vida”.

“Pero —sigue Asín— al poquito tiempo me recontra olvidé de eso y arranqué con todo un caudal de actividades y eso pasó a un segundo plano. Igual algo había que se iba despertando, más cuando de nuevo hacemos una primera experiencia de misión en el 6º distrito de Gualeguay, zona de campo, durante 20 días. Ese encuentro con la gente, con la posibilidad de transmitir un mensaje de esperanza y alentador, la buena noticia del evangelio a la gente, lo disfrutaba y pensaba que la cosa venía por ese lado y me preguntaba: "¿Por qué no tomar, encarar más en serio esto?".

Aunque todo indicaba que Javier se inclinaría por la Educación Física, en quinto año, luego de la misión, “abandonó todo lo que era el mundo de lo deportivo. Ya no más dos pretemporadas juntas y me meto de lleno en la parroquia, misa diaria, allá en María Auxiliadora y empezar a hacer todo un proceso de discernimiento vocacional con los curas de entonces, Rubito Melchiori y el Pololo Arias. Ellos fueron mis formadores y ahí se dieron cosas muy fuertes. Por ejemplo, de repente el cura me llamaba y decía: "Necesito que me acompañes a un velorio" y yo decía "invítame a comer un asado, no a un velorio", pero era la forma de ir fogueándote con algunas cosas. Duro cuando me tocaba enfrentar un velorio de algún bebé, pero bueno, eran cosas que en la vida pasaban y había que estar también acompañando”.

 

Señales del futuro

Como si resultara poco, también “uno de los curas me invita para que lo acompañe a la cárcel de Concepción, a la que le tenía terror. Había un encuentro de catequesis y había que ir. Entramos en la cárcel, hubo una juntada en el patio principal, pero el recuerdo era el ruido del portón metálico y el candado de cada puerta y yo marchaba con la cola entre las patas, porque decía: "Si llega a pasar algo acá, ¿de qué me disfrazo?, ¿por qué tienen que comportarse bien cuando yo esté? Me preguntaba”.

Pero a medida que pasaba el tiempo, “comenzó a darse un ambiente de mucha familiaridad y entonces ya los miedos iban desapareciendo y decía: ‘¿Pero a qué le temía? Si lo que no había tenido era la posibilidad de un encuentro personal con ellos. Están encerrados porque están pagando una condena, pero son personas también de carne y hueso y seguramente hay una historia también detrás de ellos, por lo que obligadamente uno los empieza a humanizar y a darles una identidad. Tal es así que allí se dieron cosas que fueron extraordinarias”.

 

Ingreso al Seminario

Finalmente, la vocación comienza a materializarse con el ingreso al Seminario de nuestra ciudad. “El 18 de marzo ya del 91 ingreso tomándolo como un proceso de discernimiento en el lugar adecuado y con las herramientas adecuadas. Fueron prácticamente ocho años de formación sumamente rica porque la Iglesia nos dio todo para que nos dediquemos solamente a crecer en nuestra vocación de servicio. Había que estudiar y había que formarse, prepararse para el futuro”, recuerda.

Pero Javier admiraba más al “muchachito que se había ido a estudiar afuera de su ciudad, que tenía que estar trabajando para pagarse un alquiler y sacándole tiempo del estudio con el trabajo y tratando de estar todo el tiempo al día para poder recibirse cuanto antes con sus materias”.

Esos años en el seminario fueron muy intensos y ricos de formación, “de mucho contacto con las distintas comunidades de toda la diócesis y entonces eso nos fue dando un buen vínculo, una buena relación que nos fue haciendo crecer de lo lindo. Después, uno puede o no terminar cura, porque es escuela de discernimiento, pero me ordené convencido que era lo mío y después, con el tiempo, hubo que tomar decisiones, amando el sacerdocio y todo, pero sí teniendo claro que a dos puntas no se podía jugar”, aclara.

Acotando: “Después de tres años más o menos de ejercicio del ministerio, decido dar un paso al costado, dejar todo. Pero, mientras tanto, la idea fue dar lo mejor de uno en función de lo que había recibido”.

 

Su carrera como sacerdote

Arranca su etapa de cura con el nombramiento como integrante del Consejo Presbiteral por parte del Obispo de entonces, Luis Eichorn, un acto de confianza. Recuerda que “él quería que siga estudiando algo, para complementar los estudios del seminario; imagínate, lo que más quería era descansar un poco y estar entre la gente, que era por lo que había querido ser cura. Pero, por mandato del Obispo marché a hacer un curso semipresencial en el seminario en Rosario, dictado por el Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA), una formación donde participábamos curas, laicos, religiosos, de toda la región, muy intenso y muy aterrizado en cuanto a lo que tenía que ver con la formación en catequesis propiamente, con una, muy pero muy linda, versión de cómo hacer que la catequesis sea capaz de transmitir un mensaje claro que pueda mover o transformar la vida de la gente. Y me sirvió de lo lindo también, así que eso fue también grandioso”.

 

Leiva y la novena en Las Moscas

Cuando Asín culmina la formación en el seminario, recuerda una experiencia muy profunda cuando el padre Jorge Leiva, por entonces párroco de la localidad de Santa Anita, le dice: “vine a buscarte porque necesito que vayas a predicar la novena patronal de la comunidad de Las Moscas. Le dije gracias, pero es imposible porque no te sirve que vaya yo; acabo de terminar los estudios y no soy ni diácono todavía. Lógicamente, insistió porque decía que necesitaba que le ayude a abrir puertas de relación con aquella comunidad que recién empezaba a conocer. Jorge se va y recibo el llamado del obispo, a lo que no pude negarme y fui de predicador de la novena patronal”.

Javier ya tenía por esos días destino designado en la Comunidad de San José Obrero, en la ciudad de Basavilbaso. Pasó a dejar unas cosas en dicho pueblo y se trasladó a Las Moscas, que lo recuerda así. “Llegué a la casa de Doña Josefa, una viejita, que tenía en su casa una habitación preparada exclusivamente para los curas que pasaran por el pueblo. Era todo un honor. El domingo a la mañana salí a caminar -tenía celebraciones a la tardecita-, había que empezar a difundir lo que iba a estar haciendo durante los días de la novena, porque en el pueblo se sabía que iba alguien para darle un poco de vida a la capilla, pero no mucho más que eso”.

Por lo que nuestro entrevistado acudió a su gran pasión como excusa, que es el fútbol: “Por eso pregunto adónde se juntan a jugar al fútbol”. Me informan en qué lugar y ahí estuve, me instalo detrás de un arco esperando que me inviten a jugar, pero pasaba el rato y no lo hacían, pero cuando cae una pelota cerca, la levanto haciendo una fantasía y se la devuelvo y me preguntan si me gusta el fútbol: "Me encanta", les contesté y la pregunta que esperaba: "¿Quiere jugar con nosotros?".

Luego del juego, “me junto con los jugadores, les cuento un poco lo que iba a estar haciendo y se anotaron todos para ir. A la noche los tenía ahí, firmes, por lo que terminamos la celebración y tuve que improvisar un encuentro de jóvenes. Salió de forma extraordinaria; además, como se venía la fiesta del Día del Niño, en función de eso, se dieron cosas muy buenas. Nos juntamos todos los días. Y yo que no quería ir”.

Pero esa incursión se amplió en la localidad porque “se entera la directora de la escuela del pueblo, que me gustaba el fútbol y entonces me manda a llamar para que por favor vaya a compartir un recreo con los chicos de la escuela. Tiraron una pelota al patio y yo tenía que jugar con los gurises de toda la escuela, 800 eran, todos corriendo atrás de la pelota. Pero eso fue tan genial que los chicos terminaban saliendo de la escuela y ni siquiera se volvían a sus casas. De la capilla los mandaba a su casa para que vayan y que merienden o algo. No querían saber de irse. Ahí lo que hacíamos era jugar un rato al fútbol y salir con una imagen de la Virgen, peregrinar, a visitar enfermos o ancianos del pueblo, que ellos eran los que lo conocían. Íbamos a rezar con la imagen de la Virgen en esas casas. La gurisada, feliz. Y entonces todo el pueblo se movilizó. Fue extraordinario”.

 

En Basavilbaso

Fue un lugar “donde tuve una hermosa experiencia, sobre todo en la relación con los jóvenes, y una de las grandes riquezas de Baso es la relación que pude entablar con la gente del pueblo, muchos de raíces judías, así que en algunas mañanas me iba a algunos negocios del centro a hablar con los viejos judíos con el objetivo de encontrar más herramientas a la hora del análisis del Antiguo Testamento porque era la Biblia viva que ellos tenían”.

 

Santa Teresita

En febrero de 1999, “mi nuevo destino pastoral me toca acá, en Santa Teresita, con otra hermosa experiencia. Estaba el padre Raúl Benedetti como párroco y, aparte de su sabiduría, es una comunidad hermosamente exigente, que te obligaba a buscar formarte permanentemente y a brindar posibilidades también de capacitación”, comienza Javier a contar, a lo que agrega: “Una de las cosas más lindas, que nos abrió muchísimas puertas, fue llevar adelante un curso de formación de agentes de pastoral. Y entonces yo me ocupaba de formar formadores, que eran los que después bajaban los contenidos de esos encuentros a la gente de la catequesis o de distintos grupos de la parroquia. Como experiencia formativa, eso fue riquísimo y fue también un fogueo sumamente lindo y exigente”.

A esto se le sumó “el trabajo con el secundario, con varios de los chicos que en ese momento estaban, donde tenía a cargo la catequesis del quinto año y se dieron relaciones muy lindas con los chicos, al punto de que hoy, cada cosita que pasa, me llaman y quedaron pegotes muy lindos”.

 

Su paso por el Sedes

Además, “me convocan al Sedes Sapientiae para asumir las materias teológicas en cuarto del profesorado de ciencias económicas y cuarto del profesorado de letras. Me dan los programas de estudio y lo que me dicen es: mira, estos son los programas que tenemos, pero la idea es que te manejes con total libertad. Los veo y eran los mismos programas de estudio para las dos carreras. En ese entonces, el misterio trinitario de Dios. Es todo un tema, hermoso para tratarlo, pero consideraba que era necesario buscar relaciones directas entre la enseñanza de la Iglesia y cada carrera elegida. Los que ya estaban por egresar como profesores de ciencias económicas no habían tenido nada de doctrina social de la Iglesia. Bueno, metamos una introducción general a la Doctrina Social de la Iglesia, deteniéndonos fundamentalmente en documentos o en la enseñanza del Magisterio que tenga que ver con estos principios reguladores de la vida social. Y para eso entonces veamos lo que la Iglesia dice con respecto al trabajo, al capital, a la propiedad privada, cosas que van a decir una relación más directa con la carrera que eligieron que el misterio trinitario de Dios”.

Y continuó: “En Cuarto de Letras pregunto qué habían visto sobre las Sagradas Escrituras, nada. Ahí pareció apropiado apuntar a una Introducción General a las Sagradas Escrituras, donde nos deteníamos fundamentalmente en los géneros literarios, ambiente vital del que fueron surgiendo los textos, cosas que tenían más que ver con su carrera. Por suerte, esa base de programas, que después fue teniendo modificaciones, hoy se sigue manteniendo en el Sedes”.

 

Gualeguay

Javier Asín recala en febrero del 2002 en Gualeguay, donde estuvo hasta el 5 de diciembre de ese año, cuando deja el ministerio.

Al llegar a la mencionada ciudad, cuenta el entrevistado, “aparece un periodista (Enrique Enrique) para hacerme una nota y presentarme en sociedad como el cura nuevo. Luego de la misma le digo: "Todo muy lindo, pero necesito saber a dónde puedo jugar al fútbol". Y entonces me dice: "Ah, le gusta el fútbol, bueno, tengo un grupo de amigos que jugamos tres veces por semana y si quiere, lo vengo a buscar, lo presento al grupo y después usted va las veces que pueda. Era el conocido complejo Don Tito y ahí fui”.

 

El cementerio gualeyo

Estando en Gualeguay, “la secretaria me dice que llamaron del cementerio, que hoy va a haber tres entierros, dígame a cuál de los tres va a ir usted. Le pregunto: "¿Cómo, a cuál de los tres? Voy a los tres. Bueno, me contesta, porque acá la costumbre es que los sacerdotes van una sola vez en el día al cementerio y para otros entierros siempre mandamos algún ministro laico. Le digo: "Mirá, el ministro laico puede ser mucho más santo que el cura, y de hecho lo es en muchas ocasiones, pero la gente en ese momento de dolor lo que quiere es encontrar un reflejo de la institucionalidad; por eso quiere ver al cura, en todo caso, iremos juntos con el ministro laico, pero a mí me interesa estar en los tres entierros y si son diez, voy a la cantidad que sea”.

 

UCA Salta y la cárcel

En Gualeguay, “el Obispo me nombra como tutor para las materias teológicas de la Universidad Católica de Salta, sede local. Así que todas las semanas tenía que estar disponible en la sede regional por si los alumnos querían evacuar alguna consulta, donde también se dieron experiencias muy lindas”.

Como la que también Asín vivió en la cárcel de Gualeguay. “Porque era costumbre que los curas de la ciudad vayan rotando para ir una vez al mes a celebrar misa. Cuando me toca a mí, comenzaron a darse hermosas relaciones. Rompí el hielo en la homilía haciendo un cuento de Landriscina. Cuando terminó la misa, nadie se movía de la Capilla, manifiestan lo lindo que la habían pasado y preguntan por las posibilidades de que pueda seguir yendo a que les celebre misa, en lugar de una vez al mes, por qué no, cada 15 días. Así que conseguimos autorización por parte del servicio y ningún problema, por lo que pudimos hacer un caminito re lindo ahí con ellos. Dejar el ministerio era dejar la cárcel y eso fue muy costoso por todo el caminito que habíamos recorrido juntos”, recuerda Javier.

 

Chau ministerio y nueva vida

Finaliza su carrera de sacerdote “el 5 de diciembre del 2002 y al dejar el ministerio muchas cosas empezaron a venirse abajo, uno como cura tenía las puertas abiertas en todos lados. Ahora, que ya no era más el cura, tenía que salir a pelearla como cualquier hijo de vecino. Y tenía 30 años; no era tan sencillo arrancar con una vida nueva, prácticamente de cero. Y entonces era salir a golpear puertas, buscar trabajo. Y no se hacía nada sencillo”.

Retorna a Gualeguaychú, desde donde surge ir a trabajar a Salta, al norte del país. “A arrancar con tu propia vida sin que nadie te tenga que andar señalando por la calle y por razones de prudencia pastoral para no entorpecer la vida en las parroquias, por eso debía ser muy respetuoso. En Salta empiezo a trabajar para una empresa que se llamaba Borigen Betzel, que eran representantes de Personal y que se ocupaban de activar celulares para todo el noroeste argentino”.

¿Este cambio para vos debe haber sido terrible?, preguntamos desde R2820:  “Tal cual, terrible. Porque era pasar de todo lo social a estar detrás de una máquina, pero era lo que había y era lo que surgió, así que marché para allá, pero solo estuve un mes porque pensé en lo egoísta que era, al ver que ya había empezado con esto de la posibilidad de armar un proyecto de familia, pero tan lejos y por cuidado propio, de pensar en el nacimiento de hijos sin familiares cercanos. Entonces me vuelvo y empiezo a pelearla desde Gualeguaychú en la época de federales y patacones y empecé a golpear puertas, volver sin respuestas, pero que como experiencia fue muy rica también porque sirvió para meterme en ese lado del pobre gaucho que la tiene que salir a pelear todos los días”.

 

Distribuidora y municipio

Y las puertas comenzaron a abrirse: “En una distribuidora, como encargado del depósito y después pasar a la facturación durante la noche, pero era siempre con máquinas y bultos. Eso fue en el 2003. Al año siguiente Leticia Angerosa, siendo Secretaria de Desarrollo Social de la Municipalidad, había tenido una conversación con Pablo Olcese, quien había sido formador mío en el seminario, que ya estaba trabajando en la comuna, viene un día a verme y me convoca a trabajar en un programa nuevo llamado Programa Federal de Emergencia Habitacional, con la creación de 50 cooperativas de trabajo con el objetivo de poder ayudar a la gente a que se pueda ir reinsertando en lo laboral y en lo social El plan era destinado a personas que se encontraban en situación de vulnerabilidad social, que se van a poder integrar como trabajadores mediante el sistema de cooperativas, la mayoría eran beneficiarios de planes sociales, jefes y jefas de hogar, y unos muy poquitos, cuatro de 16, desocupados. El objetivo es que tengan su experiencia de trabajo, que accedan a un ingreso más digno, para que puedan vivir un poco mejor, y que los que no hayan podido acceder a la vivienda propia tengan la posibilidad de acceder a ella. Hermoso, pero tenía que ver cómo me organizaba con los tiempos porque a la noche estaba con el tema de la facturación en la distribuidora, pero igual empezamos”. 

Acota: “Durante un mes hice las dos cosas; cuando terminaba de trabajar en la distribuidora, me daba un bañito y marchaba para hacer todo un trabajo de terreno, hacer de nexo entre el municipio y la gente. Era volver a relacionarme con la gente y tratar de ayudar ante los problemas que iban surgiendo, porque había que bajar los niveles de conflictividad y entusiasmar también con el trabajo”.

Al tiempo, “después de que el físico no daba para tanto, dejé la distribuidora y me quedé en la Muni con la coordinación social de las cooperativas desde 2004 hasta 2009, período en el que se construyeron varios barrios en la ciudad”.

Arribo a Deportes

Hasta que en 2009, siendo Carlos Melo, director de deportes, lo convoca para trabajar con él. El reconocido traumatólogo, fue presidente del Club Juventud Unida, oportunidad en que Javier, estando en Santa Teresita, solía visitar la sede de la institución de la vía y hasta practicar con el plantel de fútbol. Entablan relación y Melo le confiesa: “Algún día vamos a trabajar juntos” y así fue.

“La idea de Carlos era meter deporte en los barrios, pero había varias dificultades para entrar en algunos. Creyó que si iba con una pelota podía lograr que los chicos se acercaran. Probemos, dije, y a la tarde comencé, primero en La Cuchilla, con la pelota bajo el brazo a hacerme el encontradizo con los chicos y al ratito ya tenía un par que estaban alrededor, lo que daba la posibilidad de empezar a charlar con ellos y de ir encarando la vida de otra forma y ahí ya todo empezó a cambiar y se empezaron a dar cosas lindas”.

 

“Con él nadie se mete” 

Estando en La Cuchilla, ya hacía como 20 días que iba; una tarde Asín llega en su moto, frena en una esquina y lo encara un grupo de jóvenes “como para cobrarme peaje y pensé esta no me la veía venir y acá se me complica todo. Cuando estoy hablando con ellos, con el clima medio denso, sale un hombre de una casa de la esquina, evidentemente con peso en el barrio, y les dice: "Ey, con él no, con él nadie se mete porque él es la única persona de afuera que está viniendo a nuestro barrio para hacer algo por nuestros gurises, a él hay que cuidarlo, ¡¡¡eh!!! Respiré aliviado y fue un gran espaldarazo, así que, con más razón, había que seguir yendo y con más entusiasmo. Fue una gran experiencia que la pudimos replicar después en otros barrios”.

 

Inicios en el Hogar

“Estando en el barrio Zuppichini, me sale al cruce un día el doctor Dardo Caravallo, quien estaba en la coordinación del Hogar de Cristo atendiendo la problemática del consumo de drogas. Me pregunta qué estaba haciendo de mi vida, le cuento un poco y entonces se le da por seguirme hasta el barrio en bicicleta. Me ve que estoy jugando al fútbol, me pide permiso para quedarse y me invita: "¿Por qué no te venís a hacer esto mismo en el Hogar? Imposible, le contesto, no me dan los tiempos; además, no tenía experiencia de trabajar con chicos que estuvieran con problemas de adicciones. Me insiste y acepto comenzar los días viernes de tarde. Voy y cuando la pelota empieza a rodar, enseguida los chicos se pusieron a jugar. Cuando terminamos, todos sentados alrededor para ver cómo íbamos a seguir, y fue tan bueno el gancho que hubo que empezar a asumirlo como espacio propio también en la semana. Dardo me dice que los chicos quedaron enloquecidos, así que arreglemos lo que haya que arreglar, pero necesitamos que estés todas las tardes. Así que era ir con la excusa del fútbol, pero más que nada ponerle la oreja y alentar un poco a los chicos en sus luchas. Y bueno, se dieron cosas requeté lindas, ah, y a partir de ahí, junio de 2015, ya me quedo metido de cabeza en el Hogar acompañando los distintos espacios que tenían con un grupo de gente hermosa, ocupados de los espacios de espiritualidad, que también me ofrecen con el objetivo de ayudar a rezar lo que les estaba pasando en la vida, las luchas, las alegrías, las fortalezas, debilidades, todo. Pero rezar con eso, no tanto con fórmulas hechas, digamos. Y entonces ahí los chicos se fueron enganchando muy lindo también con esa dinámica y fuimos creciendo juntos”.

 

Cárcel, primeros pasos

Así cuenta que de la experiencia del Hogar, continuó la de la cárcel local, dado que algunos muchachos que pasaron por el Hogar terminaron en la Cárcel. “Y si en el Hogar habíamos tratado de acompañarlos, no podíamos dejarlos a pata y había que seguir estando presente también en la cárcel. Ahí fuimos, visitándolos una vez por semana en principio. Un día uno de ellos me dice: "A nosotros nos hace re bien que vengas a visitarnos, pero hay algunos muchachos que son compañeros de rancho que no tienen visitas de nadie porque son de afuera. ¿Hay alguna posibilidad de que ellos salgan cuando vos venís y entonces se sumen también a la charla? Una charla distendida, de acompañar y alentar más que nada y mostrar una mayor cercanía en clave de libertad y esperanza. Le digo que sí, claro, si nos autoriza el Servicio. De repente pasamos a tener un grupo promedio de 30 internos que todas las semanas estaban saliendo para un encuentro en el que se hablaban cosas distintas. Uno de ellos me dice un día: 'A nosotros nos hace mucho bien hablar de nuestras cosas, pero la riqueza más grande está en el rato de reflexión compartido en base a algún texto bíblico. Eso es lo que más valoramos y disfrutamos, porque es en función de eso cómo armamos nuestra semana y cómo nos fortalecemos para transitar la semana'. Y me agrega: "Te propongo que en lugar de hablar tanto de nuestras cosas, nos hables más de eso, de ese mensaje que nos dejás para la semana y después, si alguien se quiere quedar a seguir charlando, que se quede, pero que el fuerte sea eso, el mensaje que nos puedas transmitir, porque para nosotros es grandioso poder escucharlo, porque eso es después lo que hablamos por teléfono con nuestra familia y eso es lo que nos sirve para alentar a otro que está medio bajón”.

Tan fuerte como la experiencia misma de ir a la cárcel, por lo que Javier tuvo que “cambiar metodologías en función de lo que ellos pedían”, donde al parecer por primera vez no iba con la pelota de fútbol bajo el brazo.

 

Piñas en la cárcel

“Me pasó que en la cárcel, esperando que lleguen los muchachos, se acerca uno que me saluda, luego otro y justo cuando se da la vuelta, siento un tremendo golpe y alguien que cae al piso. Fue una piña que le había metido uno a otro y, sobre que se dio eso, tratar de separarlos porque no sabía en qué podían terminar y automáticamente, cuando me pongo en el medio para separarlos, todos los muchachos que ya habían llegado trabaron la puerta de salida, y pensé: "Acá se arma una batalla campal, se pudrió todo". Se separan y estos que habían trabado la puerta empiezan ahí en ronda a decirles que estaban locos, que si hay bardo entre ellos, que se saquen las ganas de pelear, pero en otro momento, y seguían: "¿Por qué no se sacan las ganas afuera? Se cruzan todos los días de la semana y van a venir justo en este espacio a querer pelearse acá. ¿Qué quieren? ¿Que nos corten este beneficio para todos? Este espacio nos hace mucho bien; por lo tanto, no se toca porque este es un espacio sagrado. Lo que me dejó sorprendido gratamente. Fue grandioso”.

 

Salida en libertad, una anécdota increíble en Concepción

Otra de las historias que conmovió a Javier, se dio previo a la pandemia, oportunidad en que “un muchacho salía en libertad; creo que iba por su tercera o cuarta condena, oriundo de Concepción del Uruguay. Venía haciendo un proceso re lindo y cuando llegó el último sábado de encuentro, me dice: Javier, 'estoy recontento, hoy me voy a libertad, al mediodía'. Buenísimo, le digo. ¿Cómo te preparaste? 'Bien', me dice, 'pero estoy renervioso. ¿Te puedo esperar?' Y me pide si lo podía llevar a la terminal.

Al mediodía salió, tipo una y pico de la tarde, sube al auto y cuando íbamos de camino comienza a contarme de las expectativas que tenía, de lo que pensaba hacer afuera, de los talleres con los que se había capacitado, de la forma en que la madre seguramente lo iba a estar esperando, con unos ravioles caseros de verdura que los hacía como nadie, que la salsa y que seguramente iban a estar sus demás hermanos y sus sobrinos, porque él había tenido un hermano que también había estado cumpliendo condena con él, pero que ya había salido hace un tiempo y que al mes de estar en libertad se cayó muerto en la casa.

Y entonces yo ahora voy a poder ayudarles a mis viejos y a mi familia a disfrutar en libertad por lo que no pudieron disfrutar de mi hermano… un montón de expectativas re lindas que él tenía. Entonces le digo: "¿Sabés qué?". No vamos nada a la terminal, te llevo a Concepción. Vamos ya. Cuando llegamos a la casa, hora de la siesta, el padre estaba sentado afuera en el patio, con la mirada como perdida. Me quedo en el auto y pasa él al lado del padre que ni lo registró y no había nadie más en la casa. Su padre solo, sentado afuera, y me pregunté: ¿qué pasa con las expectativas que él tenía? Calcule, dentro de un rato lo más probable es que esté en la esquina tomándose un vino con los que sí lo reciben, sus amigos de siempre, amigos entre comillas. Así que me bajé y me puse a hablar con el padre.

Arranqué con el fútbol porque este muchachito me había contado que el padre había sido integrante de la Liga Departamental de allá de Concepción. Así fuimos hablando, se fue ablandando el hombre y el hijo al lado. Yo en el medio de ambos, en un momento le pregunto al padre: "¿Qué me dice de la vuelta de su hijo? Y me contesta: "¿Qué quiere que le diga? Yo no me puedo alegrar por más que esté ahora en libertad. ¿Cuántas veces me alegré? Porque él venía y al tiempito ya estaba haciendo una macana de nuevo y se iba preso otra vez. Ya me cansé y nuestra familia, siempre fue una familia pobre, pero trabajadora, honrada; yo no crié delincuentes, entonces si él eligió esa vida, que se arregle, pero sabe que conmigo no cuenta más. No me puedo alegrar. Entonces le contesto: sabe que esta vez las cosas van a ser distintas porque él vino haciendo todo este recorrido, vino haciendo este caminito y viene con muchas expectativas, con un nuevo proyecto para este tiempo… y le empiezo a hablar así en el medio de los dos y al tipo se le llenan los ojos de lágrima y me contesta, pero entonces esta vez va a ser distinto. Sabe que le puedo asegurar que sí, porque viene totalmente decidido; hay que ayudarlo, hay que generar las oportunidades.

Entonces se miran entre ellos y dice: "Entonces, ¿usted va a hacer las cosas bien ahora? —Sí, papá —dice—, es lo que quiero y el padre le contesta: bueno, yo le voy a dar una oportunidad, no por usted, sino por este hombre que se tomó el trabajo de traerlo. Voy a darle un voto de confianza por él. Se dieron un abrazo, llantos de lo lindo y extraordinario”.

 

La importancia de acompañar

Y tras la emoción por recordar ese momento, Asín reflexionó: “Debe ser re duro cuando alguien sale de la cárcel, encontrarse con que todas esas expectativas que tenía no se cumplieron, porque las circunstancias no se dieron como lo esperaban. Y entonces, si no hay alguien que te reciba, ¿adónde queda tu vida? ¿Y dónde quedan esas expectativas, esos proyectos, por buenos que hayan sido? Lo más fácil es volver a caer. De este caso, al mes, más o menos, voy a visitarlo. Y me dice el padre: Cuánta razón tenía; es otro nuestro hijo. Menos mal que le dimos esta oportunidad”.

Desde ese hecho, “lo que decidimos es que nadie se puede ir a su casa solo después del paso por la cárcel. Si no tienen quien los venga a buscar, quien los reciba, ahí tenemos que estar del otro lado del portón para esperarlo y llevarlo a su casa. Y ser testigos del reencuentro, de ese abrazo del reencuentro, que se merecen también, porque ya cumplieron su condena. Con algunos nos ha ido requete bien, con una vida totalmente nueva, y con otros pasó que, así como los llevamos, al poquito tiempo ya estaban de vuelta, pero bueno, a veces tiene que ver con la falta de oportunidades.

Uno cree que la vida es fácil, pero si no generamos también un espacio acorde para recibirlos, creando oportunidades, se hace difícil. Hoy estamos trabajando con algunos proyectos que tienen que ver con eso, con la reinserción social y laboral de aquel que egresa. En algunos casos no es reinserción, sino primera inserción, por lo golpeados que vienen en su vida”.

 

Los mensajes escritos de Javier

“En el tiempo de la pandemia, como no se podía ingresar a la cárcel, me llama una vez uno de los muchachos y me dice: 'Mirá, Javier, estamos necesitando mucho ese espacio de reflexión que teníamos. Sabemos que no se puede ingresar por todo el tema del aislamiento, pero acá la Traffic del servicio viene todos los días y trae cosas que las familias mandan desde la ciudad. Entonces, ¿qué posibilidad hay de que nos escribas algo y el domingo nos lo despaches con la camioneta del Servicio para que podamos leerlo y juntarnos por pabellones a leer y reflexionar sobre eso? Me pareció una idea genial. Me obligaban a sentarme a escribir; el drama era pensar: ¿sobre qué escribo? Y la respuesta estuvo en las lecturas bíblicas de la misa del domingo y podía haber toda una continuidad con eso. Escribir y rezar… y comencé a mandarlos con el Servicio cada semana, una copia para cada pabellón”, cuenta. 

La verdad, agrega, “no sabía si los escritos se usaban, hasta que un día voy a buscar a alguien que salía y desde el pabellón de mujeres, que daba en ese entonces hacia la ruta, observo que están todas las chicas reunidas en ronda, en el medio del patio, y cuando me ven del otro lado de la reja, me pegan un grito: "Javier, mira con lo que estamos", y señalan la hoja que les había mandado para la reflexión. Listo, ya está, lo reciben y lo usan”.

Es más, “muchos de los que manejaban teléfonos, a ese escrito le sacaban una foto y lo mandaban a su familia, lo compartían con ellos también y así fue llegando por todos lados y era un lindo mensaje en clave de esperanza y de libertad para poder seguir difundiendo, un mensaje que lo siguen recibiendo también muchachos que ya se fueron en libertad y que como seguimos en comunicación todos los fines de semana también se los mando a ellos, ya que quedó instaurado, porque sigo escribiendo sobre lo que basamos nuestro encuentro del sábado y el domingo reenvío ese mensaje para los que ya se han ido, para los que están afuera”.

 

¿Se puede cambiar? Una profunda pregunta 

A propósito de la historia de los mensajes, Asín recuerda que “llegando a la cárcel, uno de los muchachitos me sale al cruce; él estaba en el calabozo, y era alguien que ya lo había visto, y me acerco para saludarlo y lo vi como en otra y me dice que estaba ahí porque: viste cómo es esto, y sin hacerse responsable. Entonces empezamos a hablar y se me ocurre dejarle la hojita escrita, con el mensaje del fin de semana.

¿Para qué quiero yo una cosa de estas? Me dice, total yo ya soy así, me aclara, y no voy a cambiar más. Te lo dejo igual, le contesté y cuando estés medio bajoneado, cuando por ahí veas que el tiempo no se te pasa nunca, a esto lo tenés ahí por si querés leer algo distinto. Al sábado siguiente lo vuelvo a ver y me dice: Javier leí lo que me dejaste. Está buenísimo eso, me hizo mucho bien, pero yo tengo que hacerte una pregunta. ¿De verdad se puede cambiar?

El que se lo propone, sí; más si busca ayuda en Dios, es poner un poco de cada lado, le contesté. Me mira y dice: "Me encantaría buscar cosas que me hagan bien, porque yo toda la vida estaba haciendo maldades porque me sentía como discriminado o inferior a los demás, pero ahora, a partir de eso que me dejaste para leer, tengo la oportunidad. ¿Por qué no la voy a aprovechar?”.

 

Cita de Cáritas

“Ahora se dio una cosa muy linda en este tiempo y es que me fueron a buscar de Cáritas, porque el Papa León dio a conocer su primer documento que se llama “Dilexi te” (te he amado) y es todo un tratado sobre el amor a los pobres. Es extraordinario ese documento. Y entonces, por recomendación del obispo, el obispo Héctor Zordán, quiere que todas las Cáritas de la diócesis se metan en el documento.

El presidente de Cáritas me fue a ver hace un tiempito. "Mira, esto es lo que nos pide el obispo. Y pensamos que vos nos podías dar una mano para presentar este documento a las Cáritas de la diócesis. Tenemos un encuentro que se va a hacer ahora en mayo, a nivel diocesano en Rosario del Tala, con algunos representantes, y queremos que vengas a presentarnos el documento sobre el amor a los pobres". Digo, mira qué interesante, porque uno ha dejado de ser cura, pero la iglesia acepta esto y es lo lindo a través de la buena relación que hay con los otros curas, con el obispo y con todas estas cosas que se pueden hacer tranquilamente, porque hay que seguir buscando canales de participación en la iglesia que en esto va a seguir siendo siempre madre y maestra”, reflexiona Asín.

Y apunta “yo no voy a pedir que me hagan tal cosa, que me tengan en cuenta, pero si vienen a buscarte para algo ¿cómo no vas a estar? se dio con el Hogar, que es respuesta de la Iglesia a una situación concreta que es ¿qué hacer frente a la problemática del consumo de drogas? y es una respuesta de la iglesia que quien lo pone a rodar al Hogar acá fue Monseñor Jorge Lozano, que era el entonces obispo acá en esa época y cuando me van a buscar lo que pedí fue que antes de meter la pata pregunten al obispo si está de acuerdo y si el obispo está de acuerdo ningún problema. Siempre hay que ser respetuosos”.

Recuerda además: “Al tiempito nos cruzamos con Lozano y me dice: ‘Mirá, Javier, personalmente no nos conocíamos, tengo referencias muy buenas sobre vos y quiero agradecerte, dice, la delicadeza que tuviste de mandar a preguntar si yo autorizaba y sabés mi respuesta, pero quiero decírtela personalmente: no solo autorizo que estés en el Hogar sino que necesito que estés y nos des una mano”.

 

Clase maestra de un preso: los tres tipos de cristianos

Cuenta nuestro entrevistado que en su visita a la cárcel de Concepción, uno de los presos cuenta: “A mí me gusta escuchar mucho la radio a medianoche, como acá a esa hora está todo en silencio y siempre busco algún dial, alguna reflexión religiosa que me pueda ayudar para la vida. Justo anoche escuché a alguien que hablaba de que existen tres tipos de cristianos: los cristianos papeleros, los cristianos domingueros y los cristianos verdaderos. Los papeleros son los que se preocupan solamente por tener los papeles al día. Hay que bautizarse porque, bueno, porque sin el papel del bautismo después no se puede hacer la comunión ni la confirmación, no te puedes casar, no puedes hacer nada; aparte, en los papeles también cuentan las fotos de la comunión junto con ese papelito que certifica que en algún momento de tu vida tuviste al menos cara de bueno. Los cristianos domingueros son los que no solo se preocupan por tener los papeles al día, sino que también van a misa los domingos. Compromiso social, no le pidan, pero ellos cumplen con el precepto de ir a misa los domingos y ya se conforman con eso. Pero después son los que, a la hora de pagarle a sus empleados, les dan chirolas, son los que explotan a la gente, los que tratan mal al compañero”.

Finalmente, “los que valen la pena son los cristianos verdaderos y son pocos, pero cuando uno los encuentra, te cambian la vida. Porque esos no solo tienen los papeles al día, no solo van a misa los domingos, sino que hacen de la misa una celebración constante, que pasa también por su vida y hay todo un compromiso social detrás, porque son los que más arrastran con su ejemplo”.

 

El espacio de su pasión: el fútbol

La pelota bajo el brazo fue su amuleto de seducción, pero más allá de eso, el fútbol para Javier es, por lo que parece, mucho más que una pasión, ya que lo practica desde siempre, comenzando en su barrio María Auxiliadora de Concepción del Uruguay, pasando por integrar equipos en Deportes Municipal, en Gualeguay, junto al “Mencho” Medina Bello o en el impenetrable del Chaco, hasta hacerse pasar por “el primo de Maradona”, como hasta el día de hoy que sigue jugando junto a su ahijado.

Son historias de fútbol, dentro de su historia que comenzamos a descubrir en estos párrafos finales.

 

En el Chaco conocieron al “primo de Maradona”

En el monte chaqueño, conocido como el Impenetrable, “entramos por primera vez allá por el 94 para realizar una experiencia de misión; nos metemos en el monte porque se creaba una parroquia nueva en Sauzalito, una población que estaba a 240 kilómetros, por calle de tierra, de Castelli, que era la última localidad asfaltada. Y hasta allí fuimos y teníamos que ir a hacer toda una misión para que la gente de alguna manera sepa que ahí iban a estar contando con un cura, que la iglesia se hacía presente en el lugar. Los registros que había eran solamente de un curita viejo que había venido de España, que pasaba a veces una vez por año o cada dos, recorriendo casa por casa dentro del monte y celebrando por ahí alguna misa.

Pero después otra presencia eclesial no había. Llegamos con la misión, nos distribuimos, la mayoría de acá de la diócesis y otros de la zona del Chaco. Luego de un par de días, donde fuimos de paraje en paraje, estábamos dos o tres días en cada lugar; terminábamos todos haciendo la misión en Sauzalito, como grupo grande donde se dieron experiencias extraordinarias.

Me toca ir a mí a la zona más del noroeste del monte; éramos cinco los que fuimos ahí a ese lugar. Parábamos en una escuela, en la casa del maestro. Época de verano, un polvo de más de 15 centímetros, como un talco que salía de la tierra y de mínima 40 grados a la sombra, pero se podía andar, Y después de las 5 de la tarde caen a la canchita de la escuela tres muchachos jóvenes a patear un rato al arco. Yo dije: "Esta es la mía. Me voy para hacerme el encontradizo ahí con ellos. Pateaban y pateaban. Yo esperaba que me invitaran. No, cero invitación. Y tampoco podés ser invasivo porque sos el que viene de afuera. Me pongo a observarlos y me doy cuenta de que cuando alguien pateaba fuerte, que le quemaba las manos al arquero, los otros lo celebraban. Bien dicho, un dato interesante. Detrás del arco esperé que una pelota se vaya por esos lados y, cuando llega, lejos de devolvérsela, voy, la planto, la afirmé con alma y vida y sacudí al arquero. Eso fue tan extraordinario porque de inmediato me invitaron a jugar y en menos de 15 minutos, nadie se explica cómo, empezaron a llegar de todos lados, de ahí del pueblito, y pasaron a armarse dos equipos, más o menos de 20 por equipo. Todos querían jugar con el misionero, porque le pegaba fuerte a la pelota; claro, en ese tiempo estaba livianito, hacía rabonas, tacos, y los vagos fascinados porque no habían visto hacer esas cosas en el lugar”.

Y le agrega una más de ese momento, porque “en ese lugar, lejos de haber televisión, los muchachos hablaban de Maradona y se me ocurre decirles: soy el primo de Maradona. Uhh, todos, ¡¡el primo de Maradona!! Y me preguntaba cómo hacían para saber de Diego Maradona en el lugar si no había ni tele, no había luz eléctrica; era la magia de Maradona. Y a partir de ahí para todos lados el primo de Maradona, después lo tenía que desmentir. Incluso, dentro de ese pueblito había un gran porcentaje de pobladores aborígenes, los Wichi o mal llamados Matacos y tenían como un barrio privado, exclusivo de aborígenes. Ahí no entraba nadie de afuera. No importa que sea el presidente de la nación, no entraba nadie. Era su barrio con su canchita cercada con ligustro. Resulta que los chicos aborígenes de ahí de la zona organizan un partido dentro de esa cancha cerrada para que las familias de ellos me vean jugar. Increíble. Tremendo fue”.

 

Una penosa lesión

Estando en el secundario, “venía de realizar dos pretemporadas juntas, la de fútbol y la de atletismo. En fútbol, en el 88, con 16 años, fui convocado para la selección de la ciudad, peleándome el puesto con el 4 de Gimnasia, que era palabra mayor. Un martes, antes de empezar el campeonato, jugando en el campito cerca de casa, antes de ir a entrenar para el campeonato de selecciones, por querer hacer una chilenita me desestabilizan en el aire, caigo mal y me quiebro el brazo. Se me acabó la chance de la selección, lo que significó una cuestión muy dura porque veníamos trabajando lindo para eso y era estar peleando el puesto con el mejor cuatro de la ciudad. Cuando lo voy a ver al técnico para decirle que me había quebrado, dice: "No me podés decir esto, eras el titular indiscutible para este puesto y ahí casi me muero, porque además de esa posibilidad había otras posibilidades de otros clubes interesados”.

 

Otra de fútbol en el Juve

Recuerda orgulloso que “estando en Santa Teresita, en lugar de dormir la siesta, lo que hacía era ir a entrenar con el plantel de primera de Juventud, que es donde conocí a Carlos Melo. Incluso recibí la invitación para jugar, pero no podía hacerme ese compromiso por las actividades los fines de semana. También me propusieron dirigir alguna de las categorías de adolescentes, pero tampoco había tiempo”.

 

Hoy, ¿hay fútbol?

¿Seguís jugando? “Sí —contesta sin dudar—, y muy lindo, una vez por semana haciendo un fútbol 5 con el grupo de amigos de mi ahijado. La mayoría tienen veinte y pico de edad de promedio, pero es muy lindo porque me paro en la cancha a ver cómo corren. Ya no soy el primo de Maradona”. También cuando vuelvo temprano de la cárcel, algunos sábados me sumo con un grupo de amigos con los que hace varios años venimos jugando juntos.

 

Luis Evaristo Alem

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