2026-08-22

Del barro a la feria: dos estudiantes de Alarcón demostraron que la virtualidad le gana a la lluvia

Guadalupe Reynoso y Gabriel Scherer, de 17 años, presentaron en la Feria de Educación de Rosario del Tala una investigación sobre cómo las clases virtuales sostienen la continuidad pedagógica cuando el barro corta los caminos rurales.

La paradoja fue que, para exponer un trabajo sobre cómo la tecnología vence las distancias, tuvieron que atravesar esa misma distancia arriba de un carro y luego en una camioneta tirada por un tractor.

En el campo, cuando llueve, no solo se corta el camino: se cortan las clases.

En la Escuela Secundaria Rural N°23 "Paraje Alarcón", a poco más de 50 kilómetros de Gualeguaychú, esa es una realidad que los estudiantes conocen de memoria.

Por eso, cuando llegó el momento de elegir un tema de investigación para la Feria de Educación, un grupo de ocho alumnos de sexto año no tuvo que buscar demasiado lejos: la pregunta ya estaba instalada en su propia rutina escolar.

"El trabajo de investigación se llama 'Conectividad de aprendizaje' y lo llevaron a cabo los chicos de sexto año de la escuela de Alarcón", contó a R2820 la rectora de la institución, Susana Hilt.

 

Una escuela que nació de la comunidad

La secundaria de Alarcón tiene 25 años y hoy reúne a 40 estudiantes de la zona. Según relató Hilt, su existencia se lo debe en gran parte a los vecinos que, en su momento, impulsaron las gestiones para conseguirla a través de la Junta de Gobierno.

"Es una cosa muy importante, porque si no fuera por esa escuela esos chicos se quedarían sin secundaria", explicó la rectora.

Desde 2020, después de la pandemia, la escuela incorporó con fuerza una herramienta que hoy es parte de su funcionamiento cotidiano: los días de lluvia, cuando los caminos de tierra y ripio se vuelven intransitables y es imposible llegar al aula, los docentes envían actividades virtuales para que los estudiantes no pierdan continuidad pedagógica.

No es un recurso simple: en muchas familias hay un solo dispositivo para varios chicos, y en algunos parajes ni siquiera hay electricidad o señal de internet. Aun así, según Hilt, "la mayoría de los estudiantes pueden y responden a las actividades".

Esa tensión —entre una herramienta que promete inclusión y las limitaciones reales del territorio— fue exactamente lo que los estudiantes decidieron poner a prueba.

 

Ocho meses de encuestas, entrevistas y observación en el aula

El proyecto, de 50 páginas, se trabajó durante todo el primer semestre del año.

El equipo de investigación —ocho estudiantes muy comprometidos, según los describió la rectora— combinó varias herramientas metodológicas: encuestas a estudiantes y a familias de la propia escuela, a alumnos de otras escuelas rurales del departamento, entrevistas a asesores pedagógicos y observación no participante, en la que los propios investigadores se integraron a los grupos virtuales de cada materia para registrar de primera mano qué actividades generaban más respuesta, cuáles dificultades aparecían y qué tan motivados estaban sus compañeros.

Las conclusiones, cruzadas entre los tres actores de la comunidad educativa, dibujan un panorama con matices:

  • Los estudiantes conocen y usan la virtualidad, pero prefieren las clases presenciales. Sus principales obstáculos son la dificultad para entender las consignas a la distancia y los problemas de conectividad.
  • Las familias valoran que la virtualidad permita seguir aprendiendo sin perder días de clase por la lluvia, aunque remarcan que los chicos necesitan acompañamiento en casa.
  • Los docentes coinciden en que la modalidad ayuda a sostener la continuidad pedagógica, destacan la comunicación y la flexibilidad que ofrece, pero señalan como principales dificultades la conectividad y la baja participación espontánea de los estudiantes.

La conclusión del informe es clara: la virtualidad es una estrategia necesaria y pertinente para las escuelas rurales, pero solo si va acompañada de políticas de inclusión digital, recursos adecuados y propuestas pedagógicas de calidad.

"El desafío no consiste en reemplazar la enseñanza presencial, sino en aprovechar las posibilidades que ofrecen las tecnologías para garantizar el derecho a la educación", concluyen los propios estudiantes en su trabajo.

 

La paradoja: para hablar de virtualidad, tuvieron que salir entre el barro

El cierre de la historia tiene una ironía que nadie planificó. Guadalupe Reynoso, de Alarcón, y Gabriel Scherer, de Las Mercedes, ambos de 17 años, fueron los encargados de representar al grupo y exponer la investigación —con la guía de la docente Mariel Cáceres— en la Feria de Educación de Rosario del Tala, realizada esta semana.

Para llegar, tuvieron que salir un día antes. El jueves por la tarde había llovido y los caminos rurales, especialmente hacia la zona de Las Mercedes, quedaron intransitables. Mientras la estudiante de Alarcón —donde el camino de ripio es más firme— pudo salir sin mayores complicaciones, su compañero de Las Mercedes necesitó un tractor y un carro para poder moverse.

"Fue toda una travesía que nos llevó de las tres de la tarde a las ocho de la noche para que pueda salir, para poder ir a participar", relató Hilt. Recién desde Alarcón fue posible continuar el viaje en camionetas 4x4 hasta Rosario del Tala.

"Todo esto hace que tenga ese plus de esfuerzo y dedicación extra, que a nosotros la verdad nos llena de orgullo como escuela, y ver que estos chicos, a pesar de las dificultades, siguen adelante, es lo más importante de la tarea", sostuvo la rectora ante R2820.

 

Buenas devoluciones y la espera por el puntaje

En la feria, el trabajo de Guadalupe y Gabriel tuvo una recepción muy positiva. Todavía no se sabe si el proyecto avanzará a una instancia superior: el puntaje que definirá si continúan camino hacia una feria nacional —y eventualmente internacional— se conocerá en los próximos días.

Más allá del resultado, en Paraje Alarcón ya hay una certeza: la experiencia, dicen desde la escuela, fue "muy productiva" para los estudiantes. Y quedó, además, como una demostración práctica y no buscada de la propia tesis del trabajo: que sostener la educación rural exige, todavía hoy, algo más que una buena señal de wifi.

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