2026-09-13

Abigeato en Bovril: un productor perdió nueve animales en menos de un mes

Álvaro Prevero denunció el faenamiento clandestino de seis vacas y tres terneros en un período de entre 20 y 30 días. Estima las pérdidas en hasta 18 millones de pesos y advierte sobre el temor y la sensación de impunidad que atraviesan a productores de la zona. La Federación Agraria Entre Ríos intervino ante el reclamo.

La inseguridad rural volvió a generar preocupación entre productores del norte entrerriano. En la zona de Bovril, un productor denunció que en apenas 20 a 30 días sufrió el faenamiento clandestino de nueve animales, entre ellos seis vacas y tres terneros. La pérdida económica fue estimada entre 15 y 18 millones de pesos.

Álvaro Prevero, productor agropecuario de la zona, señaló que los episodios de abigeato no son nuevos en el sector, pero aseguró que nunca había atravesado una situación de esta magnitud.

“Muchos productores han sufrido carneadas. El hartazgo, la sensación de impunidad y el temor fueron creciendo”, planteó al describir el escenario que atraviesa la actividad ganadera en la zona.

La situación obligó a Prevero a modificar incluso la manera de manejar su rodeo. Parte de los animales fueron trasladados hacia corrales ubicados cerca de su vivienda, como medida para intentar reducir el riesgo de nuevos robos.

Sin embargo, la estrategia también genera dificultades. El establecimiento cuenta con unas 200 hectáreas, de las cuales 65 están destinadas a agricultura y el resto corresponde a sectores de monte donde se desarrolla la actividad ganadera.

“Tenemos el campo dividido en 25 hectáreas para el pastoreo y llevar y traer la hacienda genera mucho estrés. Inclusive, una de las vacas que nos carnearon fue la que no alcanzamos a encerrar en los corrales pegados al establecimiento. El animal volvió al monte y apareció faenado al día siguiente”, relató.

Según explicó el productor, los hechos provocaron una reducción de su rodeo: pasó de contar con unas 80 madres a alrededor de 70.

Más allá del perjuicio económico, Prevero remarcó el impacto que genera la situación sobre quienes viven y trabajan en establecimientos rurales. La preocupación no se limita al valor de los animales perdidos, sino también a la incertidumbre sobre cómo continuar con la actividad sin contar con garantías mínimas de seguridad.

El productor aseguró que no descarta adoptar otras medidas de protección, entre ellas contratar seguridad privada. También mencionó la posibilidad de armarse, aunque reconoció que los costos y las características del terreno —con sectores de monte bajo y espeso— hacen difícil implementar mecanismos de vigilancia permanentes.

Prevero cuestionó además la demora en el avance de las investigaciones y reclamó una mayor coordinación entre productores, Policía, Fiscalía y autoridades locales.

Explicó que, pese a las denuncias realizadas y a la intervención de la Policía y de la Brigada de Delitos Rurales, durante un período se registraron dificultades para concretar allanamientos y avanzar con las causas.

En el marco de una de las investigaciones se realizó un allanamiento y una persona fue detenida, aunque el productor consideró que el proceso todavía se encuentra en una etapa inicial.

La Federación Agraria Entre Ríos también tomó intervención y mantuvo reuniones con productores damnificados y autoridades de la zona para analizar alternativas frente a la problemática.

no de los planteos que surge entre los productores es que los hechos no serían aislados. Prevero sostuvo que existe la sospecha de que la carne obtenida mediante estas prácticas podría ser comercializada tanto en Bovril como en otras localidades, aunque esa situación deberá ser determinada por las investigaciones correspondientes.

De acuerdo con el relato del productor, la modalidad se repite en varios de los casos registrados. Los animales más grandes son encontrados faenados en el campo, con los restos y las vísceras abandonados en las inmediaciones.

Prevero indicó que, en la mayoría de los casos, los animales son sacrificados de un disparo en la cabeza. En los ejemplares de mayor tamaño, los autores se llevan la carne y dejan los huesos y las vísceras. En el caso de los terneros, señaló que suelen retirar prácticamente toda la pieza, dejando las cabezas y las patas.

El reclamo apunta ahora a reforzar la prevención y acelerar las investigaciones. Para los productores afectados, el problema ya no representa solamente una pérdida económica: también condiciona la forma de trabajar y genera temor en establecimientos donde, ante la falta de respuestas, la seguridad comienza a convertirse en una preocupación cotidiana.

Con información de la FAA

Te puede interesar