10/07/2025

"Pichi" Fariña, una marca registrada y orgullo de Gualeguaychú

El presente de uno de los protagonistas del deporte en la ciudad. Su origen, la pasión por los Ironman y cómo forjó su consolidación como atleta.

“Pichín” para aquí, “Pichín” para allá. 

El apodo que de chico le decían a Ricardo Javier Fariña, ese niño rebelde que solía escaparse hacia el Río Gualeguaychú desde calle La Rioja al 400 y pico en el conocido Barrio “Sudamérica”. 

A los 9 años, allá por 1974, se zambullía con una llamativa seguridad y nadaba con total naturalidad, quizás como lo hace cada año en el Ironman de Hawái. 

Así, al año siguiente, con solo 10 años, el hombrecito de ojos claros estaba participando en “La Vuelta de la Isla”, una competencia de aguas abiertas que hasta hoy llevan adelante cada año los guardavidas locales en nuestro río. 

Fue justo el 3 de febrero y ya se desdibujaba la letra n en su apodo para pasar a ser simplemente el “Pichi”. 

El “Pichi” Fariña, hoy una marca registrada de Gualeguaychú, de Entre Ríos y de Argentina. Un orgullo. 

 

Largada

Su amor por competir ya lo demostraba desde esos tiempos de gurí, corroborado con una travesía que el propio “Pichi” recuerda: “Se hacía la famosa Maratón de la Costa, del Club Águila, que la organizaba el Mono Gómez, profesor de la Escuela Técnica y presidente del club (ubicado en Alem y 3 de Caballería), pero podían participar de 14 o 15 años en adelante y como a mí no me daba la edad, entonces lo que hacíamos era conseguir una cédula de un mayor, que en esa época eran de plástico y la escribíamos encima con nuestros nombres y se la mostrábamos a la hermana del Mono que era quien tomaba las inscripciones, todo para poder correr”. 

Buscó en sus familiares antecedentes deportistas, un poco su hermano y un buen desempeño de su padre (Flenchi), reconocido en el fútbol local, para continuar con los recuerdos allá por 1994 “yo nadaba y también corría, en marzo de ese año se realiza la final del campeonato entrerriano de triatlón acá en Gualeguaychú y hacía dos meses que le había comprado una bicicleta a un amigo, que se la pagué 600 pesos de entonces y en 3 cuotas de 200. Recuerdo que le hablé a mi patrón (Hugo López) que era quien me había prestado el dinero, a pautar para devolvérsela con extras y me dijo que sí, que no había ningún problema. Aclaro que nunca antes había andado en una bicicleta de carrera y fue ahí donde empecé a pedalear, e hice en esa oportunidad 1.500 de agua, 40 de bicicleta y 10 a pie, terminando en el puesto 16 en la general y cuarto en mi categoría, haciendo podio como era en ese tiempo”. 

De ese día acota “quedé enloquecido” y no se bajó nunca más “y arranqué con el triatlón de firme”, además de continuar haciendo pedestrismo porque le gustaba correr 42 kilómetros, sumando 17 competencias ya en ese tiempo, pero el tri lo comenzó a mirar con cariño, sobre todo en la tele “y una vez que lo probé no paré más”. 

 

Despegue

El campeonato entrerriano siempre fue considerado como el más importante del país convocando a los triatletas más importantes, en la localidad de La Paz, (Triathlón Internacional de La Paz) considerada fecha ITU (sigla en de la International Triathlón Unión, la institución mundial que se dedica a regular sus normas), sumando puntos para poder participar en las olimpiadas.

“Cuando empecé a correr esa prueba para mí era como ir al campeonato del mundo y cada vez me fui enganchando más y más. En el 99 tuve la suerte de ganarlo, en la general por categoría. En la misma ciudad también se hizo del 97 al 99, una distancia llamada Ironman, las corrí a las tres y fui el mejor entrerriano clasificado y ahí nació correr el Ironman, que lo descubrí mirando el programa ´El Deporte y el Hombre´ con Pancho Ibáñez, que pasaba siempre el de Hawái y pensaba: algún día me gustaría llegar ahí”, rememora Fariña. 

Sin perder esa sonrisa característica, “Pichi” cuenta que despegó internacionalmente en 2001 con destino Florianópolis, Brasil “Ese año quedé séptimo en la categoría y no pude clasificar para Hawái porque lo hacían 5 solamente. Vuelvo en 2002 y ahí si clasifiqué por primera vez. Es como clasificar para el campeonato del mundo en el fútbol”. 

Y aquí la historia comienza a escribirse en otra etapa superior “porque son distintos selectivos, de distintas partes del mundo para poder clasificar”, acota. 

 

Sin parar

Le siguieron clasificaciones, además de 2002, también en 2003, 2004, 2005, teniendo un bajón de entrenamiento entendible “cuando empecé con el emprendimiento familiar de las bombillas y los mates”, pero igual logra clasificar para el campeonato del mundo del medio Ironman que se realizó en Cleadwoter, La Florida, Estados Unidos, los años 2006, 2007, 2008 y 2009; además de llegar clasificar para Brasilia; para Pena, Brasil, en dos oportunidades para ambas ciudades y en el año 2010 Hawái volvió a inscribir su nombre, desde Sudáfrica, sumando también 2011, luego en 2014, 2015 y 2016. 

Y eso… que había bajado la intensidad de sus entrenamientos. 

La pandemia se hizo sentir, pero a Ricardo nada lo podía detener y vuelve a clasificar por décima vez para Hawái en 2022, en Victoria-Gastéiz, España “y ahora buscando la 11”, expresa sin dudar. 

Al hablar, “Pichi” no demuestra ser ese deportista de élite, conservando su tono pueblerino, de ese gurí humilde y travieso que se escapaba para ir a nadar a las aguas del Gualeguaychú.

 

Deportista de élite

Nada lo conmueve, nada lo agranda o lo lleva a una cúspide deportiva, al contrario, denota una humildad plena, transparente, que lo pintan de pies a cabeza como un gran deportista y mejor persona. 

En noviembre próximo soplará la vela 61, una edad lógica para jubilarse, para descansar, para pasear, algo que en su cabeza no suena aún. 

Recordó “cuando corro por primera vez en La Paz, me doy cuenta por los tiempos que logré, que me ubicaba entre los 5 primeros de élite del país y pensé si sigo entrenando y hago las cosas mejor puedo algún día clasificar para Hawái, por eso me animé a correr internacionalmente, donde se compite con gente de todo el mundo en cada selectivo”.,

Por eso, sin dudar “pensé: tengo que entrenar distinto, porque lo hacía como de campo, ya que no contaba con alguien de acá que me dirigiera. Así que empecé a nadar más, a pedalear y a correr más y así alcancé unos tiempos espectaculares. Por ejemplo, ya bajé las 10 horas en los primeros Ironman internacionales y ya cuando alcancé ese nivel mi objetivo fue siempre buscar la clasificación para Hawái, que es donde nació el Ironman”. 

Conoce de los cuidados de su cuerpo, de la alimentación, aunque sin contar con alguna persona profesional nutricionista, porque “sabía que había que nadar, que había que pedalear y había que correr, entonces, bueno, salía un día a nadar, otro día a correr, otro día hacía transiciones, andaba en bicicleta, me bajaba y corría, pero todo de acuerdo a lo que a mí me parecía”, explica. 

Basa su andar en el entrenamiento diario, como base fundamental y el cuidado en la alimentación “hoy por hoy pasa todo por la alimentación y la suplementación”, acotando “hoy si no corrés un Ironman con gele (un caramelo líquido que contiene aminoácidos, carbohidratos) y sin comida te quedas en el camino y antes lo hacíamos así, como correr un maratón de 42 kilómetros porque yo pensaba que no había que tomar agua y hoy es todo lo contrario, ahora cada entrenamiento salgo con una botellita”.

Más allá de lo expuesto, Fariña es consciente de la importancia “de la mente. Es lo primordial, todos necesitamos la cabeza firme y ser fuerte porque pasa todo por ahí. Te puede faltar entrenamiento, te puede faltar que nadaste menos, corriste menos, pedaleaste menos, pero si vos te tenés fe y la cabeza es fuerte vas bien, porque donde se te cayó la cabeza tiraste todo por la borda”. 

 

Un ganador

“Pichi” es sin dudas en tipo especial. Haciendo números de Hawái, llegan a competir 2 mil atletas de todo el mundo, de un selectivo de 100 mil personas, en 38 lugares a lo largo y a lo ancho del planeta. Quien participa ya puede considerarse ganador. 

Y Fariña, ese emprendedor local, hoy es el segundo argentino que más veces corrió en Hawái y se ubica entre los 3 argentinos que más Ironman ha corrido hasta hoy. Anda por el número 52, de la competencia madre que incluye 4 km de natación, 180 de bicicleta y 42 a pie. 

Ante esos datos “Pichi” sonríe, casi ruborizándose y dice “ya llevo 50 años de deporte y sin parar. Lo bueno que sigo con las mismas ganas de todos los días, porque si no salgo a correr a pedalear o a nadar es como que me falta algo, por eso entreno todos los días”. 

Una rutina que, al momento de la entrevista, explicó “hoy es un entrenamiento liviano, solo natación, porque ayer tenía que correr e hice 12 kilómetros y medio, antes de ayer hice una transición porque pedaleé y corrí”. 

Así, cada día lunes comienza con natación, alrededor de 2.500 metros en una hora aproximadamente (en la pileta del Club Neptunia); el martes pedalea 2 horas; el miércoles es el turno de correr casi una hora y media, más otra hora y algo de natación, jueves pedal nuevamente, ahora durante casi de 2 horas y cuando no está cerca una competencia si no, es más tiempo; el viernes natación y carrera, el sábado pedal y correr y el domingo realiza un fondo a pie que llega a los 30 kilómetros con un Ironman cerca. Como dato es que los sábados hace 5 horas de bicicleta y 40 minutos de trote, por eso los lunes solo incursiona en natación. 

 

La banca

El periodista que se cansó de solo escribir dichos datos pregunta: ¿hasta cuándo? “Es lo que todos me preguntan, pero mientras Dios me dé salud, me des fuerza y fortaleza en la cabeza ni se me cruza dejar, a pesar que a veces he pasado momentos muy difíciles, he tenido carreras muy duras y llegado a peguntarme ¿qué estoy haciendo acá? ¿por qué tengo que sufrir tanto?, pero para mí es todo lo contrario porque es un sufrimiento con alegría y el cuerpo siempre se recupera de esos malos momentos que uno pasa. Todo pasa, el cansancio pasa, el dolor pasa y ahí te aferras a las cosas lindas de toda la gente que te rodea”. 

Hablando de familiares, amigos, de esa banca permanente, a Fariña le sobra. “La verdad que he tenido un grupo de amigos y familiares fieles. Los primeros años fueron los más duros, cuando clasifiqué para Hawái por ejemplo porque no sabía ni a dónde iba, ni cuánta plata necesitaba, así que trabajábamos con mi familia, con mi hermano, vecinos que me daban una mano, hicimos empanadas, hacíamos rifas, peñas y la verdad que la gente respondía y siempre me dieron una mano, igual”. 

En ese sentido recuerda a Luis Díaz, quien fuera muchos años director de deportes de la provincia, “que me ayudó una barbaridad, desde que tuve la suerte de ganar en La Paz”, como otros amigos y empresas como “la Unión Cerealera, que me acompañaron 14 años, Baggio también, un señor de Buenos aires que me compra mercadería, pero siempre con mucho apoyo”. 

Los más cercanos, como la familia, Úrsula su compañera, “es un puntal tremendo porque yo sé que no es fácil, pero ella sabe de la pasión que tengo y me apoya permanentemente para poder hacer lo que realmente me gusta y eso la verdad que más fuerza te da, porque sé que soy un poco egoísta al dejar tantas horas y tantas cosas y bancar momentos duros, porque realmente son duros, y que te banquen, más en este deporte que es totalmente amateur, antes te daban plata en las carreras y más o menos uno se mantenía, pero hoy por hoy prácticamente nada, entonces sabés que la gente que te ayuda lo hace de onda”.

“Pichi” tiene en su forma de ser, un carisma particular, con una sonrisa permanente y ese compromiso que se le nota y que despliega cuando el aplauso de la gente lo ve pasar en bicicleta o a pie. 

Para él la competencia lo ha llevado por diferentes caminos y también por experiencias de todo tipo, como de relaciones y de amistad: “la cantidad de gente que conocí y que me abrió las puertas de su casa y en distintas partes del mundo, como en Hawái donde nunca tuve que pagar hospedaje porque siempre conocí gente que, sin saber quién era, me daban lugar en su casa. Como en Estados Unidos, en 2017 me hospedó un señor, Ricardo Bessel, que me contactó un muchacho de Crespo (oriundo de Galarza) estuve 10 días, en 2021, una gente que conozco en Sudáfrica, me reciben una semana y tuve la suerte que justo se cerraron los aeropuertos y tuve que quedarme allá varado. Me dijeron que me quede tranquilo y así pasó un mes y les pedí que me dejaran colaborar, así que me puse a pintar el garaje y hacer varias cosas en la casa, por la gran mano que me dieron”.

 

El paso del tiempo y de las historias

“Nunca imaginé conocer tantas partes del mundo y viajar tanto desde cuando comencé con el pedestrismo que no tenía ni zapatillas para correr en la famosa Maratón de la Costa o la del Viajante que hacían Greco y Roldán. Ahí los del club Sudamérica me prestaban las zapatillas de las chicas del básquet, después de la carrera las devolvía. Una cosa de locos que lo cuento y no lo creen. Sé que vengo de abajo y sabiendo que siempre se puede”. 

De la primera vez en Hawái recuerda: “gracias a todo lo que conté de los amigos que he conocido, está Pancho Mutti, oriundo de Mar del Plata uno de los primeros en clasificar y un año lo logramos juntos en Florianópolis, con otro muchacho de Mar del Plata, Roberto Debiasi. Nos pusimos de acuerdo porque Pancho había conseguido una casa, como conocía porque ya había ido, entonces yo iba a ir a parar con él y Coco Debiasi. Pancho llegaría un día antes que yo y prometió buscarme al aeropuerto y orientarme, pero su vuelo se retrasó y finalmente llegué yo primero a Hawái. Estaba solo y sin hablar una sola palabra de inglés. De yapa la bicicleta no llegó conmigo y no había forma de explicarles la situación, hasta que por suerte llegó una persona que hablaba castellano e inglés y pudo contarles de mi situación”. 

En los viajes posteriores “conocí a Mara y a Mateo y por la amistad que hicimos todos los años que fuí paraba en su casa y nunca me cobraron un peso”. 

 

“Mi día”

En lo deportivo frente a la mayor competencia del mundo Fariña vivía (y vive) momentos intensos “en cada competencia voy preparándome mentalmente sabiendo que ya tengo la carrera, trabajando 10 o 12 horas por día, pero el día de la competencia significa tener todo un día para mí, para lo que me gusta. Me preparo y digo: me voy a levantar, voy a nadar, voy a pedalear y voy a correr, sin ninguna presión de hacer otra cosa. Entonces me mentalizo así”.

-¿Hay una competencia especial luego de tantas? 

“Buscar las clasificaciones son re importantes porque te llevan al mundial, lo que más me satisface es poder clasificar, es el sueño de cada año”. 

-¿Qué sigue?

“¿Lo que sigue? Ir por una nueva clasificación, por eso ya armamos un equipo con amigos que vamos a correr el Ironman de Portugal el 18 de octubre, de mi parte ya clasifiqué para el mundial de Marbella, el 9 de noviembre, así que con Seba Darocca ya armamos el viaje, Después de Portugal nos quedamos en la casa de un amigo en Mallorca para correr en Marbella”.

 

Un viaje particular 

Lo que viene de ese nuevo periplo para “Pichi” es muy particular “Será la primera vez en tantos años de correr que viajaré con mi señora, voy a ir y poder disfrutar con otras personas, algo que siempre quería hacer, ya que nunca pude compartirlo con un allegado, solo con amigos, porque lamentablemente no se podía”. 

Y acota “mi señora… no tengo palabras, la verdad siempre busco la hora para ir a entrenar, por ahí antes que ella se levante y si no me ve cuando lo hace ya sabe adónde estoy y muchas veces vuelvo antes que se levante”. 

Cuando no clasificaste: “te quedas con este sabor amargo. Y todos los años que no pude estuve cerca, a un puesto, ahí nomás, en 2012, 2013, buscándola porque intento a veces hasta 4 veces en el año, una locura, pero a veces no se da”. 

Para saber, cada organización cuenta con 50 plazas que se reparten en las diferentes categorías entre los 2 mil participantes, siempre proporcional a la cantidad de corredores por categoría. Por ejemplo, si son 200, habrá 4 lugares, si son 100, habrá 2 y si son 50, solo un lugar para poder clasificar. 

 

En su pueblo

Correr en su ciudad, ser el capitán del equipo, ese grupo del que volverá a encabezar este año. “Seguro se va a sumar mucha gente, porque hay entusiasmo y va a estar lindo”. 

Nuestra ciudad alberga los 51/50 por la marca Ironman , donde se compite 1.500 metros de agua, 40 kilómetros de bicicleta y 10 a pie. Eso hace 51 kilómetros y medio. Sin ser clasificatorio a una instancia superior, como si son los medios Ironman, denominados 70.3, que es la mitad del Ironman, 1.900 de agua, 90 de bicicleta y 21 a pie. 

“Acá tuve la suerte de ganar la categoría así que me fue muy bien. Pero sobre todo contento por la gente que me fue a ver y alentar fue algo que no me lo esperaba, sinceramente”. 

Un profeta en su tierra, quizás por ese cariño que quedó demostrado, con el saludo, el abrazo, el aliento, “es hermoso la verdad y lo agradezco infinitamente”. 

Como era de esperar, “Pichi”.