26/03/2026

Una ablación marcada por la precariedad: un Aeródromo con limitaciones y un Estado ausente

El procedimiento, coordinado con profesionales del INCUCAI, debió sortear obstáculos logísticos que no deberían existir en un contexto sanitario crítico.

La primera ablación de órganos realizada entre la noche de ayer y la mañana de hoy en Gualeguaychú dejó un dato tan histórico como preocupante: la imposibilidad de concretar el operativo aéreo desde la ciudad por el estado de la pista del aeródromo local. Una situación que vuelve a poner en el centro del debate  la inatención de una infraestructura clave, especialmente cuando hay vidas en juego.

El procedimiento, coordinado con profesionales del INCUCAI, debió sortear obstáculos logísticos que no deberían existir en un contexto sanitario crítico. El traslado aéreo de órganos y equipos médicos no pudo realizarse desde Gualeguaychú debido a las condiciones de la pista, obligando a reconfigurar el operativo sobre la marcha.

Según explicó la jefa del aeródromo, Marcela Gorosito, la consulta por la factibilidad del vuelo sanitario llegó el miércoles por la noche. La respuesta fue negativa por dos factores determinantes: el sistema de balizamiento se encuentra fuera de servicio —la pista carece de iluminación— y el estado general de la superficie representa un riesgo para aeronaves a reacción, debido a la presencia de pedregullo suelto en toda su extensión.

El resultado fue previsible pero no por eso menos alarmante: el avión debió aterrizar en Concordia durante la madrugada.

Desde Gualeguaychú algunos órganos fueron trasladados  vía terrestre hacia Paraná.  En tanto, el avión, con otra parte de la ablación, despegó de Concordia hacia Buenos Aires cerca de mediamañana. Cada minuto cuenta en este tipo de intervenciones, y cada desvío logístico implica una carrera aún más ajustada contra el tiempo.

Desde el Aero Club Gualeguaychú, su presidente Carlos Ávalos expresó una preocupación que excede lo institucional y se instala en lo humano. “Es difícil explicar lo que ocurre cuando hay vidas en el medio. No se ha tomado —o no se quiere tomar— dimensión de lo que pasa en nuestro aeródromo”, sostuvo, visiblemente crítico.

Ávalos remarcó que la institución realiza tareas esenciales para sostener la operatividad, como el corte de pasto, pintura y arreglos menores. Esto permite que todavía operen aeronaves de bajo porte. Sin embargo, advirtió que las intervenciones estructurales necesarias están completamente fuera del alcance económico del club. “La pista necesita ser atendida con urgencia. Hemos gestionado en reiteradas oportunidades, pero las respuestas nunca se concretan. El deterioro es cada vez mayor”, agregó.

Lo ocurrido no es un hecho aislado ni una contingencia inesperada: es la consecuencia directa de años de desatención. La infraestructura aeroportuaria no solo cumple una función recreativa o deportiva; es también una herramienta estratégica para emergencias sanitarias, traslados críticos y asistencia rápida.

La ablación realizada en Gualeguaychú demuestra que la capacidad médica existe. Lo que falla, una vez más, es la respuesta del Estado en garantizar las condiciones mínimas para que ese esfuerzo no se vea limitado por carencias evitables. Cuando una pista en mal estado impide salvar vidas, la discusión deja de ser técnica y pasa a ser, inevitablemente, política.