25/05/2026

Entre la esperanza y el rechazo a la grieta: el mensaje político y social del obispo Héctor Zordán en el Te Deum del 25 de Mayo

En una ceremonia cargada de simbolismo patrio y religioso, el obispo de Gualeguaychú, Héctor Zordán, encabezó este lunes el tradicional Tedeum en la Catedral local ante la presencia del gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio; el intendente Mauricio Davico; autoridades políticas, militares y representantes de las fuerzas de seguridad.

Lejos de un discurso confrontativo o partidario, el mensaje de Zordán buscó recuperar el sentido histórico y espiritual del Tedeum como espacio de encuentro, reflexión y construcción colectiva. En un contexto nacional atravesado por tensiones políticas, dificultades económicas y fuertes divisiones sociales, el obispo eligió colocar en el centro una palabra que atravesó toda su homilía: esperanza.

Desde el inicio, Zordán realizó una definición con fuerte contenido institucional y político, aunque sin referencias directas a dirigentes o coyunturas específicas. Recordó que el Tedeum nació ligado a la gesta emancipadora de 1810 y sostuvo que convertir esta celebración en “una tribuna de oposición” o en un espacio de “presión política” implica desnaturalizar su esencia religiosa y comunitaria.

La aclaración no fue menor. En los últimos años, los Tedeum celebrados en distintos puntos del país se transformaron muchas veces en escenarios de mensajes críticos hacia los gobiernos de turno. Frente a ello, el obispo de Gualeguaychú marcó distancia de cualquier utilización partidaria del púlpito y reivindicó la liturgia como “espacio de encuentro entre hermanos”.

Sin embargo, el tono moderado del mensaje no implicó ausencia de contenido social. Por el contrario, Zordán elaboró una reflexión profundamente política en el sentido más amplio del término: habló de convivencia democrática, del valor del diálogo y de la necesidad de reconstruir vínculos sociales dañados por la confrontación permanente.

Uno de los ejes centrales del discurso fue la idea de que “la Patria es un don” mientras que “la Nación es una tarea”. La frase, tomada de una tradición de pensamiento social de la Iglesia, funcionó como una convocatoria a la responsabilidad colectiva. Para el obispo, el país no puede sostenerse únicamente sobre reclamos, críticas o intereses sectoriales, sino sobre compromisos concretos y valores compartidos.

En esa línea, realizó una extensa reivindicación de principios que consideró fundamentales para la vida pública y privada: la honestidad, la cultura del trabajo, el valor de la palabra dada, el respeto por la justicia, la democracia, el republicanismo y el bien común. Pero también incorporó conceptos más vinculados a debates contemporáneos, como la inclusión, el respeto por la diversidad y el cuidado de la intimidad y el buen nombre de los demás.

Ese pasaje mostró quizás uno de los aspectos más significativos de la homilía: la intención de tender puentes entre tradiciones distintas. Zordán habló tanto de valores heredados de generaciones anteriores como de aprendizajes impulsados por las nuevas generaciones, evitando plantear una disputa cultural entre pasado y presente.

El obispo también hizo un diagnóstico indirecto sobre el clima social actual. Sin mencionar actores concretos, cuestionó “la crítica implacable”, “el insulto agresivo y descalificante”, la costumbre de “vivir de los otros” y las actitudes de cerrazón que impiden construir consensos. Frente a ello, propuso una esperanza activa, entendida no como resignación pasiva sino como motor de transformación social.

En varios tramos, el mensaje pareció dialogar con la realidad económica y social que atraviesan muchas familias argentinas. Zordán habló de quienes “siguen adelante apostando por un futuro mejor” pese a las dificultades para cubrir las necesidades básicas, y destacó el esfuerzo cotidiano de educadores, trabajadores y familias.

La presencia de Frigerio y Davico otorgó además una dimensión institucional especial a la ceremonia. Aunque el obispo evitó referencias directas a las gestiones de gobierno, su prédica colocó sobre la mesa temas sensibles para toda la dirigencia: la necesidad de acuerdos, la responsabilidad política y el desafío de reconstruir confianza social.

Otro aspecto destacado fue la reiterada mención al legado del Papa Francisco. Zordán recuperó frases del pontífice argentino sobre la esperanza, la juventud espiritual y la capacidad de atravesar “las noches más oscuras”. La referencia no sólo reforzó el tono pastoral del mensaje, sino que también ubicó la homilía dentro de una línea eclesial centrada en el diálogo, la inclusión y la cultura del encuentro.

El discurso del obispo de Gualeguaychú estuvo orientado a ofrecer una lectura de largo plazo sobre la crisis argentina. En tiempos de polarización extrema, eligió no profundizar antagonismos ni señalar culpables concretos. En este 25, su apuesta estuvo puesta en recuperar valores comunes capaces de sostener la convivencia democrática y el tejido social.