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Escribe: Franco Lizarzuay

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18/07/2026

El neozelandés que descubrió a Messi… gracias a un entrerriano

Desde Cuchilla Redonda hasta la Isla Sur del país oceánico, la historia de Mariano Benedetti: el hincha que contagió su pasión a locales y brasileños, y cómo el fútbol exporta nuestra forma de sentir.
Crédito: Mauricio Ríos para R2820.
Crédito: Mauricio Ríos para R2820.

“Hay historias que empiezan lejos, pero nunca dejan de latir cerca”. La de Mariano Benedetti nació en Cuchilla Redonda, Entre Ríos, y hoy sigue creciendo en Mayfield, un pequeño pueblo de la Isla Sur de Nueva Zelanda.

Allí, donde el mapa parece deshilacharse en silencio, un argentino encontró la forma de que su tierra nunca dejara de respirar dentro suyo.

Para la final del Mundial 2026 dejará la rutina, tomará camino hacia una ciudad cercana y se reunirá con otros argentinos para hacer lo que mejor sabemos: transformar un partido en una ceremonia compartida, en un abrazo que cruza fronteras.

Mientras en nuestro país todavía será domingo, para ellos el reloj marcará las siete de la mañana del lunes. Y aun así, el corazón ya estará despierto.

En Mayfield también empezó a pronunciarse Argentina.

Su jefe, un neozelandés que apenas seguía el fútbol, quedó atrapado por Lionel Messi como quien se enamora de una historia sin proponérselo.

Hoy mira videos, repasa su trayectoria, analiza cada partido de la Selección y encuentra en el capitán argentino algo que le recuerda a las grandes leyendas de los All Blacks: ese liderazgo sereno, esa grandeza que no necesita levantar la voz para conmover, esa capacidad de volver mejores a quienes lo rodean.

Después de la semifinal ante Inglaterra quedó impactado.

—Ya no es una cuestión de táctica —le decía a Mariano—. Es la mentalidad. Argentina nunca deja de empujar. Nunca deja de creer.

A su lado, un compañero brasileño también espera los partidos de la Albiceleste. Dos hombres nacidos en extremos distintos del planeta, unidos por la admiración hacia un rosarino que convirtió su fútbol en un idioma universal, capaz de cruzar océanos y despertar pasión en lugares donde nadie imaginaba escuchar el eco de nuestra bandera.

En esas charlas apareció una reflexión que explica mucho más que un Mundial.

El rugby sigue siendo el alma deportiva de Nueva Zelanda. Allí existe el “tercer tiempo”: ese momento en que rivales y familias comparten una mesa, una charla y una amistad que vale más que el resultado.

Pero, según el jefe de Mariano, el fútbol está creciendo porque ofrece otra manera de vivir el deporte: más libre, más familiar, más cercana al disfrute. Cada vez más padres llevan a sus hijos a jugar simplemente para divertirse, lejos de la presión.

Entonces Mariano le respondió con una sonrisa: - El argentino tiene eso… llega a un lugar y lo argentiniza.

La respuesta fue inmediata.

—Tal cual. Caemos bien en todos lados y tratamos de llevar a Argentina a donde vayamos. Estamos orgullosos de dónde venimos.

Quizás ahí esté el verdadero triunfo.

No sólo en que Messi haya conquistado a un neozelandés o en que la Selección despierte admiración en la otra punta del planeta.

Sino en descubrir que un entrerriano, nacido en Cuchilla Redonda, puede vivir en un pequeño pueblo de Nueva Zelanda y seguir sintiendo que su casa aparece cada vez que rueda una pelota, cuando escucha un “Vamos, Argentina” o cuando encuentra otro compatriota con quien compartir un abrazo.

Porque los argentinos no llevamos nuestro país en la valija.

Lo llevamos en la forma de hablar, de emocionarnos, de compartir una mesa, un mate o un partido. Lo llevamos tan adentro que, sin darnos cuenta, hacemos que otros también se enamoren de esa manera de sentir.

Y entonces sucede el milagro. Mayfield deja de ser un rincón perdido de la Isla Sur. Cuchilla Redonda deja de ser apenas un pequeño paraje entrerriano.

Por noventa minutos, los dos quedan en el mismo lugar. En el corazón de un argentino.

Fuente: Acción de Larroque