Entre la bronca y el orgullo: Gualeguaychú también salió a decirle gracias a la Selección
Sin embargo, hubo otros que entendieron que el resultado no alcanzaba para borrar el camino recorrido. Que una final del mundo también merece ser reconocida. Que el esfuerzo, la entrega y la ilusión compartida durante todo un campeonato valían un aplauso más allá de la medalla.
Por eso, cuando la noche comenzó a caer sobre Gualeguaychú, la Costanera volvió lentamente a vestirse de celeste y blanco.
No fue una multitud impulsada por la euforia de un campeonato. Fue una celebración distinta. Fue un grito cargado de orgullo.
Poco a poco comenzaron a llegar familias, grupos de amigos y jóvenes con camisetas argentinas, banderas y bombos. Antes, una caravana había recorrido gran parte del paseo costero, como una manera de volver a abrazar ese sentimiento colectivo que durante semanas unió a millones de argentinos.
Hubo cantos, hubo gritos y hubo emoción. También hubo agradecimiento.
Porque esta Selección volvió a regalar algo que va mucho más allá de un resultado deportivo. Devolvió el orgullo de sentirse representados por un grupo que nunca dejó de luchar, que supo levantarse en los momentos difíciles y que volvió a colocar a la Argentina entre las mejores del mundo.
La derrota deja bronca. Es lógico. Cuando un equipo llega tan lejos, todos quieren el final perfecto. Pero el fútbol también enseña que el éxito no siempre se mide por una copa levantada.
A veces se mide por la capacidad de emocionar a un país entero.
Eso ocurrió nuevamente durante este Mundial.
En Gualeguaychú, como en tantos rincones de la Argentina, la Selección volvió a reunir familias frente al televisor, hizo que los horarios cotidianos giraran alrededor de un partido y convirtió a la Costanera en escenario de abrazos compartidos.
Anoche no hubo fuegos artificiales interminables ni una celebración desbordada. Hubo algo quizás más valioso: el reconocimiento sincero de un pueblo hacia un equipo que dejó todo.
La Costanera volvió a ser el punto de encuentro de quienes entendieron que el agradecimiento también merece una fiesta.
Porque los campeones quedan en los libros de historia.
Pero los equipos que emocionan, que representan y que hacen sentir orgulloso a un país permanecen mucho más tiempo en la memoria colectiva.
Y por eso, aun con la tristeza de una final perdida, Gualeguaychú volvió a salir a la calle.
No para olvidar la derrota.
Sino para decir, simplemente, gracias, Selección.