OPINIÓN | EDUARDO GARCÍA JURADO
Amarras que impiden el acceso público
El acceso desde el río a sus costas se rige, en igual sentido, y con la especificación del llamado camino de sirga, que fue reducido en el año 2015 (ley 26.994) de 35 metros a 15 metros.
Este espacio, de ser colindante con una propiedad privada, el dominio se restringe impidiendo construcciones y dejando libre su uso. Esta reforma fue muy criticada, pues significo una expropiación inversa contra el uso comunitario y la soberanía ambiental, habiendo fracasado los intentos de dejar sin efecto la restricción al acceso público.
Hoy, en diversos lugares de nuestro país, el avance sobre las costas ya sea desde la tierra firme o desde los espejos de agua es evidente y requiere adecuada delimitación por vía de ordenanza y ley, según corresponda.
Muchos lagos de Chile, algunos nuestros también, conforman bellos lugares y paisajes, que simplemente transitando por sus caminos aledaños podíamos visualizar. Actualmente se encuentran ocupados por privados, con imposibilidad de acceso público y obturando sus hermosos paisajes.
En el caso de ambas márgenes del río Gualeguaychú, con costas que no tienen la restricción referida, son de libre acceso a la población el profesor Rodolfo A. García, en 1951, al concederse el uso de los terrenos a los clubes Náutico y Neptunia, al margen izquierdo del río determinó la necesidad de garantizar un libre acceso de la población, obligando a que entre ambas instituciones hubiera un espacio suficiente para que el ciudadano no vinculado a ellas, pudiera acceder a nuestro río.
Con el tiempo, ambos adjudicatarios del temporal uso fueron absorbiendo dicho espacio, hasta que lo redujeran totalmente en beneficio de un sector de nuestra sociedad, excluyendo al resto.
Retornada la democracia, en homenaje al Profesor Rodolfo García, se denominó a la calle que nace en la puerta del aludido Neptunia, con su nombre. Desde hace más de tres años, la señalización referida “desapareció”, razón por la cual es observable como los automotores transitan de sur a norte, o al revés según su natural conocimiento de la zona. Circunstancias riesgosas en épocas turísticas.
Lo grave es que esa visión de nuestras costas (destino común de los bienes), hoy se encuentra debilitada, carcomida por los que divinizan las leyes del mercado.
Desde el km. 22,500 y hasta el km. 21, desde el club Náutico hasta pocos metros antes del final de la Isla Libertad -frente al puerto-, en todo ese meandro, tenemos como restricción -habilitada- el acceso al río por el club aludido, Racing y Regatas.
Pero desde hace muchos años, las amarras del Náutico se prolongan hacia el espacio público en unos cuarenta metros hacia la zona de amarras de Racing, dejando libre escasos metros para que puedan acceder quienes deben embarcarse para cruzar a sus propiedades de la Isla Libertad.
Entre Racing y Regatas, sí se ha respetado un espacio mayor, con igual fin.
Ahora, la bella y nueva Costanera del Camino de la Costa, todo siempre sobre el margen izquierdo de nuestro río, está siendo invadida por amarras particulares que cada día se extienden más, metros después de Regatas.
En las zonas 1 y 3 se ha cercenado el acceso público al río, impidiendo que en dichos lugares se pueda visualizar, en amplitud, el curso de agua.
Quienes nos consideramos ciudadanos de ambas orillas (como lo es en plenitud el intendente Mauricio Davicco), estamos azorados, por la no regulación del Municipio de Gualeguaychú (tal como existe en Concepción del Uruguay) ello, pese a las inquietudes planteadas al oficialismo y oposición.
En el margen derecho, lo que fuera Plaza de Agua, convertida en un amplio espacio de recreación junto al rio -en la gestión anterior-, hoy se encuentra literalmente abandonada y vandalizada.
La postura del recordado Prof. García quien también soñaba para nuestro presente con una costanera desde el puente Méndez Casariego hasta la horqueta en el margen derecho del río, continuidad de la cosmovisión, de vida solidaria y justa, en la realidad actual de ambos márgenes y en los símbolos pareciera hoy ser el rostro del individualismo y descarte del bien común.
Es de esperar que en una democracia real se revierta.