Carrozas a pulmón: los sueños que los estudiantes hacen desfilar en Gualeguaychú
Como cada año, detrás de las luces y figuras hay meses de trabajo, acuerdos, materiales reunidos y muchas manos jóvenes.
Gualeguaychú es una de las pocas ciudades del país que sostiene esta tradición: las carrozas son creadas por estudiantes secundarios, a pulmón y en equipo. Esta noche de sábado, desde las 20, desfilarán en el Corsódromo.
Cada propuesta es un mundo y tiene sus particularidades como la carroza que armaron solo cinco chicos junto a su coordinador y un poco de ayuda de los padres. Están orgullosos que llegaron a la meta.
Son cinco estudiantes de sexto año, segunda división, de ENOVA que aún trabajan contra reloj para terminar "Salita Caracol". Paula Rodríguez y Jasmín Manchula le cuentan a R2820 que están “desde las nueve de la mañana hasta las dos de la mañana” desde hace varios días para terminarla.
La carroza recorre los primeros pasos por el jardín y la escuela, y esos sueños de la infancia que, con el tiempo, empiezan a hacerse realidad.

En la del Pío XII, Sofía presentó "Silvaris", un bosque que guarda la historia de Yara, un dragón que vuelve a despertar cuando las personas se comprometen con el cuidado del planeta. Para hacerlo, usaron maples de huevo, cartón, papel y madera, reciclando materiales en línea con su temática.
“Cada vez que alguien hace algo bueno por el planeta, se encienden luces que lo alertan”, explicó. La idea es recordar que la naturaleza necesita del compromiso de todos.

Emma, del Colegio Guadalupe, contó la historia de "Corazón de Amor": una "máquina dormida bajo una montaña de hielo que despierta cuando una pequeña flor atraviesa el frío. Los duendes mecánicos la ponen en marcha, el hielo se vuelve agua y llega la primavera". Para sus creadores, es una historia de esperanza, esfuerzo y trabajo en equipo: “Ningún invierno dura para siempre”. La carroza está lista desde la noche del viernes.
En la estructura de Villa Malvina, Antonia y Justina, de quinto B y C, presentaron una propuesta inspirada en el árbol de la vida. "Sus ramas, al separarse de las raíces y del tronco, descubren que no pueden crecer solas; para alcanzar el sol, tienen que volver a unirse". Tienen sus buzos, manos y pantalones llenos de pintura, pero una sonrisa de satisfacción por el proceso en grupo y la unión del curso.

Por su parte, Josefina y Ángela, también estudiantes de quito A de Villa Malvina, hablaron de otra carroza que invita a recuperar el "vínculo directo con la naturaleza": recuerda a "los abuelos que la vivían y la cuidaban, y propone salir de las pantallas para experimentarla por uno mismo". "Trabajamos varios meses desde la idea de nuestro coordinador Coco. Ni bien entramos a los galpones la fuimos armando", agregaron.
También hay lugar para la lectura y para temas que atraviesan la vida cotidiana. Una carroza inspirada en un libro pone el foco en cómo la tecnología y la inteligencia artificial pueden desplazar el hábito de leer. Pintando letras, Camila y María relataron que "nuestra carroza se llama "Había una vez" y tiene libros que cuentan distintas historias. Queremos mostrar cómo se ha perdido el hábito de la lectura con el avance de la tecnología o la IA".

Otra aborda la problemática del insomnio, una realidad frecuente entre adolescentes y adultos. Mía, Sofía y María Emilia contaron que "unos 23 estudiantes trabajaron durante tres meses desde elegir la idea, hacer la planificación y conseguir materiales reciclados hasta ponerse de acuerdo entre las visiones diferentes, pero lo logramos".
Agregan que “esto empieza mucho antes de que se abran las puertas de los galpones. La gran mayoría de las cosas que conseguimos fueron recicladas y otras trajimos de nuestra casas”, señalaron.
A pocas horas del desfile, hay nervios, detalles por terminar y una ilusión compartida. Para estos estudiantes, cada carroza es mucho más que una figura que avanza: es una historia construida entre compañeros, con esfuerzo, creatividad y la alegría de verla cobrar vida.