2025-05-15

Por Luis Evaristo Além

"Gualeguaychú, madre de sus propias obras"

Una frase que comenzó a resonar en nuestra ciudad hace ya bastante.

Tratando de hacer una interpretación de la misma, podemos decir que surgió quizás queriendo demostrar el espíritu gualeguaychuense que tuvo su prueba de fuego, por ejemplo, luego del cierre definitivo de la "Sociedad Anónima de Abastecimiento Urbano Saladeril y Frigorífica Gualeguaychú", como se llamó en su apertura, a la gran estructura ubicada en la zona sur-este a la vera del río local.

Más allá de la frase, utilizada bastante por una gestión municipal, surge la cuestión de saber si tal expresión demuestra un alto grado de soberbia, demostración de carácter y personalidad, marcado individualismo o alguna más que el lector pueda adosar.

Brindemos algunos apuntes como para entrar en tema. Solo algunos.

El recuerdo nos remonta, como expresé antes, al cierre del emblemático frigorífico. Seguramente hubo que repensar el futuro productivo y por ende social y económico de la ciudad ante la situación planteada por haberse parado ese motor activo en la zona.

Ya funcionaba la Corporación del Desarrollo de Gualeguaychú (CODEGU) que se constituyó en una especie de entidad general aglutinando a las instituciones y ONG más significativas de entonces. La misma fue punta de lanza en las ideas y proyectos de la ciudad promoviendo "el desarrollo socioeconómico y el progreso general de Gualeguaychú y su zona de influencia…" como reza su estatuto fundacional.

Por esos años se promovió la cercanía a Capital Federal, ser ciudad fronteriza, por ende estar ubicada en un lugar estratégico real dentro de la geografía regional. Se forjó una ciudad pujante, activa, tratando de dar vuelta la página.

Así, con el afianzamiento del Parque Industrial a la vera de la Ruta 14 (transformada luego en autovía), el trabajo del campo (ganadería y agricultura), el surgimiento de emprendimientos locales, sumados a otros ítems importantísimos para la ciudad, como lo es el turismo, Gualeguaychú dio muestras de ser "madre de sus propias obras".

Hay algo que suena en mi teclado y que quizás no agrade al lugareño y es que el gualeguaychuense se muestra muchas veces en modo autodestructivo, auto exigente... quiere, ama, se esfuerza por sus acciones, eventos, trabajo y demás, pero al mismo tiempo se auto flagela.

El Carnaval del País es un ejemplo de esto. Quién no tiene un pariente, un amigo o conocido que no vive acá que le pregunta sobre el evento, o que haya venido y maravillado por el paso de las comparsas en el corsódromo? Ahí nos agrandamos.

Pero, cuando podemos criticamos su organización, las decisiones de la comisión, el horario que empieza o que termina cada sábado, el precio de las entradas, que si hay o no promoción publicitaria, etc. y esto más allá de los últimos yerros producidos en la edición de este año que fueron carne de cañón.

En materia política, Gualeguaychú no es la excepción de lo que pasa en otras ciudades. Quizás no ha ocupado un lugar preponderante en altas esferas gubernamentales, pero ha sabido y sabe destacar a excelentes gestionadores y así se han logrado importantes avances en obras y acciones políticas.

La lucha ambiental, en contra de la instalación de la pastera en Fray Bentos, significó un antes y un después y un ejemplo para el mundo. Aquí también las críticas y los rumores de temas y acciones formaron parte en las calles de la ciudad.

A ver, en definitiva, típicos chusmeríos pueblerinos (como tantos en esta provincia) que hacen que Gualeguaychú no pierda ese espíritu de villa o pueblo entrerriano donde prima el "nos conocemos todos".

Una cuestión que no ayuda al turismo, por ejemplo, pasa cuando nos topamos con un visitante ocasional y nos pregunta por algún lugar, un restaurante, un hotel o el mismísimo Parque Unzué y no sabemos cómo indicarle. No tenemos ese espíritu turístico que si lo tienen otras localidades. Eso hay que reconocerlo.

Si nos remontamos a 30 años nomás (más, menos) notamos que la rutina cambió, las relaciones laborales también, ni hablemos de las amorosas como de la comunicación en general... en definitiva el mundo ya no es el mismo y Gualeguaychú inmersa en ese tren que nos lleva vertiginosamente cada día y cada año. Para muestra sobra un botón y es la pandemia: "ya pasó hace rato" se escucha.

"Gualeguaychú, madre de sus propias obras", es sin dudas una expresión muy local, original quizás que sobre todo demuestra un pueblo con personalidad e identidad muy marcada.

Cerremos entonces este texto con humor: como nadie preguntó quién es el padre, seguro que el debate seguirá. Y nos vemos en la próxima entrega.

Luis Evaristo Alem - Periodista

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