Esa Gualeguaychú. Por Bernardo dei Maquiavelli
“Con ansias de cantar llegué hasta aquí…”
Nuestra ciudad, destino turístico nacional e internacional, contiene atractivos que la hacen notable y encantadora, con un movimiento interesante de visitantes. Y tiene una canción que la promociona, ese hermoso vals interpretado de manera maravillosa por la Sole.
No obstante, hay también una Gualeguaychú que no da esa talla y la sufrimos a diario. Veamos.
Quienes recorremos sus calles cada día también la disfrutamos, pero también hay que manifestar que la sufrimos, que tiene cuestiones molestas, como inauditas, muchas de ellas sin solución alguna y otras para trabajar y mejorar, donde todos debemos poner nuestro granito de arena.
Promo
Primero mencionar esas campañas publicitarias que se llevan adelante para promocionar a la ciudad, al carnaval, carrozas estudiantiles o el turismo en si y que nunca dejan satisfechos a interesados, dando inicio a quejas, destinadas a quién pone el dinero para llevarlas adelante, en un 90% por parte del estado municipal o provincial.
Laberintos
Pero si hay que quejarse es a quienes hace varios años atrás pensaron y planificaron la ciudad. Al parecer no tuvieron una aceptable visión de futuro (para no decir que no la tuvieron en lo más mínimo), en donde la mayoría de las calles son angostas y las cuadras cortas.
Pero, además, no pensaron una ciudad más allá de la Del Valle, el río, la calle Clavarino (que era un canal de desague, se acuerdan?), la vía (hoy convertida en avenida Alsina, Sarmiento e Irazusta, o como la llamamos “Avenida Parque”), ya que pasando esas arterias las calles se cortan, algunas continúan del otro lado de la manzana, otras ni el gps las encuentra y solemos toparnos con construcciones de casas o galpones en medio de la calle. Incluso hay otras que no tienen continuidad o siguen muchas cuadras más adelante.
Una pena que la ciudad no tenga una planificación que agilice tanto el paso de autos, motos y demás, como de peatones. La cuestión es que no hay ni habrá solución alguna.
Estar en Alsina y pretender ir hacia el Boulevard Daneri por vía pavimentada, es decir de este a oeste, una opción es tomar por Urquiza, tal vez por 2 de abril o bien por Juan Díaz, estas dos últimas de doble mano. En cambio, tomar por otras arterias significa ir por ripio o broza y lidiar con los cortes mencionados, un claro laberinto ya que no todas van de manera directa entre el trazado planteado. Y jamás lo harán.
Reductores “naturales”
Y paseando por la ciudad solemos encontrarnos con los denominados reductores de velocidad, más conocidos como lomos de burro, que son de carácter artificial y que son colocados por la comuna local a los efectos de bajar la velocidad de quienes transitan las calles. Pero también hay muchos truchos, que parecen renacer de la tierra misma con la particularidad que son provocados ex profeso luego de cavar zanjas para realizar conexiones de cloacas.
Una situación increíble que, tal como el caso de la traza urbana, no se tuvo en cuenta como para dejar instalados los picos de conexión del servicio antes de pavimentar o de asentar las calles. Una situación de sentido común que, claramente, no se tuvo, ni se tiene y, esperemos, se tenga en cuenta.
Cadena montañosa
Y hablando de turismo, parece que la comuna local se empeña en parecerse quizás a Mendoza, Jujuy o a alguna otra ciudad o provincia cuya característica es que poseen montañas, cerros o bardas, al dejar sendas y desprolijas “montañas” de tierra, broza o escombro en el predio ubicado frente mismo a una repartición municipal (Defensa de Consumidor) sobre calles Las Casuarinas, Perito Moreno, Montana y Puerto Argentino.
Una “desprolijidad desprolija” diría un amigo, porque si resulta ser un lugar de acopio no parece ser la mejor opción y el material se deja “a la que te criaste”. Ni hablar el paisaje incómodo de carácter estético y a la visión de los transeúntes cuando se culmine la obra del edificio de tribunales que se construye sobre calle Puerto Argentino, justo enfrente a la “cadena montañosa” que dista muy lejos de parecerse al “Cerro de los siete colores”.
Estacionar
Y dentro de las características de los gualeguaychuenses hay una que no es exclusiva porque suele pasar en otras ciudades y, con mucha más razón en los pueblos, y es la que tiene que ver como estacionamos.
Viene de vieja data pararse con el auto lo más cerca al lugar donde vamos. Si es enfrente mismo, mejor. Incluso se ha visto (quien no) autos que estacionan, por ejemplo, en plena semi-peatonal, ya sea ante un banco o comercio y ahí ver descender a una persona lo más campante como si nada, y nadie puede pasar.
Es cierto que hay gente que parece vivir sola en el mundo, que ocupa espacios como el mencionado, de manera irregular, agregándole una más y es cuando se estacionan en doble fila o directamente en el medio de la calle, ya sea esperando que los nenes salgan de la escuela, de danza, de vóley, fútbol o básquet, alegando “es un minuto, ya me voy”, generando no solo un conflicto urbano momentáneo si no también exasperando nervios.
Y ni hablar del manejo de quienes transitamos la ciudad donde todos somos responsables. Pero merece un capítulo aparte.
Como decimos siempre: va con onda y a la espera de poder seguir descubriendo “Esa Gualeguaychú” que tanto amamos.
Bernardo dei Maquiavelli