2026-06-21

No tan anónimos

Daniel Hernández, referente único, maestro de bomberos, especialista en temas de defensa civil, higiene y seguridad y medio ambiente

No es sencillo tratar de hacer la mención justa y adecuada ante un referente como Daniel Hernández, considerado un perito entre los bomberos, hombre de consulta permanente en cuestiones ambientales, como de seguridad e higiene y de tantos temas que impactan de lleno en la ciudad. Y él está. Siempre. Porque posee una empatía única, sin miramientos. Sin duda una historia para leer, de un personaje “No tan anónimo”.

Un buen tipo

Asienta su base en una frase increíble: “Es preferible estar preparado para cosas que no van a ocurrir, a que nos ocurran cosas para las cuales no estamos preparados”. Sin dudas que ha sido guía durante su vida, marcando un derrotero basado en la solidaridad como eje. Por eso, al mencionarlo, estamos hablando de una persona idónea, pragmática y hacedora y, fundamentalmente, hablamos de un buen tipo. 

Primeros pasos

Daniel es un exponente típico, natural (y orgulloso) de la denominada “República de Pueblo Nuevo”, específicamente de calle Italia N° 986, que en ese tiempo se llamaba Humberto Primero, donde pasó su niñez y adolescencia “feliz, porque los requerimientos y necesidades que teníamos eran menores y estaban satisfechas plenamente porque teníamos comida, casa, escuela y jugábamos a la pelota en la esquina. No había celulares ni cosas que envidiarles a los otros porque no había envidia. Así que, sano, tranquilo y feliz como todo gurí de barrio, crecido en Pueblo Nuevo”, comienza contando Daniel.

Conocido más por su apodo “Manguera”, que, como todo sobrenombre, trasciende las fronteras barriales, es hijo de un obrero del Frigorífico y de una hija de chacareros y carpinteros. “Mi bisabuelo materno, Raffo, fue de los que, entre otras cosas, hicieron toda la parte de madera del órgano y muchos de los altares de la Catedral junto con mi abuelo”.

Por el lado paterno, de los Hernández, “mis abuelos eran inmigrantes españoles de Fuentesaúco, en Zamora, España, que llegaron en 1910 a Gualeguaychú. Con la particularidad que tuvieron 11 hijos y a los 14 o 15 años de haber llegado, mi abuelo falleció y mi abuela quedó sola con 10 hijos a criar en una tierra que no era propia, pero salieron adelante como eran los luchadores de esa época”.

Su escuela fue la N° 10 “Leopoldo Herrera”, donde tuvo el orgullo “de ser designado abanderado en 1965 e ingresar al año siguiente a la Escuela Nacional de Comercio (una sección anexa al Colegio Nacional Luis Clavarino), donde íbamos de tarde, de la cual egreso como perito mercantil en 1970”, informa nuestro entrevistado.

Amor innato

No duda en manifestar su amor por todas las actividades que fue desarrollando a lo largo de 73 años, como la de ser un Bombero referente a nivel provincial y nacional, “nacieron conmigo”, ya que “en plena adolescencia formaba parte de los grupos que, si bien no eran de Acción Católica, eran de los grupos parroquiales. Y en ese ámbito trabajábamos colaborando con la gente que estaba siendo erradicada de las zonas bajas de Pueblo Nuevo, donde actualmente está el parque de la Costanera del Tiempo, y de la erradicación de muchas de las casas del Barrio Munilla, para ser trasladados a los primeros barrios que se estaban haciendo (Villa María, Esperanza y algunos otros en la zona del polideportivo)”, recuerda.

Bombero visionario

Cuenta también “a mi regreso de un frustrado estudio de ingeniería en La Plata, en épocas políticas complicadas y económicas también, me incorporo al cuerpo de bomberos como aspirante y después como bombero. Ya en 1972 participo de las evacuaciones de las primeras inundaciones de noviembre de ese año. Y durante muchos años, como bombero activo, fui creciendo dentro del escalafón interno hasta llegar en 1984 a Jefe de Cuerpo”.

En 1973 Hernández había promovido la fundación de la academia local “para sistematizar la capacitación del bombero voluntario ya que era visible que se fuera profesionalizando por el amplio campo de actividades”.

En tanto en el año 1983 fundó la Escuela Provincial de Bomberos Voluntarios de la cual fue designado como primer director y “después, habiendo dejado el equipo activo, seguí en el cuerpo de reserva colaborando permanentemente. También muchos años como director provincial y actualmente sigo como colaborador, en especial en estos temas específicos como el fenómeno del Niño que se aproxima”, agrega.

Si bien, como acota, “una cosa llevó la otra”, Daniel llega a ser bombero invitado “por un compañero, amigo y hermano de la vida que se llama Miguel Melo, que ya era bombero en esa época, acompañándolo, conociendo la actividad y demás, que surge del interés de incorporarme a una actividad que, allá a principios de la década del 70, no tenía la diversidad de ocupaciones que tienen los chicos de hoy”, no dudando que se trataba (y se trata) de “una actividad sana, donde además para cualquiera que sea curioso aprendés y mucho, no te digo que es un paralelismo con los scouts, pero es algo parecido, una actividad práctica, solidaria, donde aprendés y te integrás a grupos sociales ayudando”.

Un paso adelante siempre

Pero Daniel no sería un bombero más ya que, más allá de hacer carrera en el cuerpo, su curiosidad, su visión, empeño y dedicación fueron llevándolo a analizar el estudio y sistematización de la capacitación, llevándolo “a estudiar y estudiar bastante, y eso me permitió armar, entre lo que conocía de los términos bomberiles, más lo que traía de metodología de la universidad, armar una academia para sistematizar la capacitación del bombero local que hasta ese momento se hacía básicamente solo con la práctica. Es decir, hacer instrucción en el puerto tirando agua, eventualmente quemando algo para apagarlo y sino la otra capacitación era directamente en la práctica durante los incendios aprendiendo de los otros”.

Otro paso y más aprendizaje

No duda que “eso debía ser corregido y esa sistematización me conducía al estudio. Posteriormente esto me llevó a que la comisión directiva de bomberos, cuando se estaba formando el Parque Industrial Gualeguaychú por la Corporación del Desarrollo, de la cual formaba parte Bomberos, le solicitara a la institución consejos de seguridad para implementar en el Parque Industrial y me encargaron ese trabajo, que lo hice y parece que cayó bien al punto que una semana después el ingeniero Romeo Cotorruelo, me llamó para que dejara el trabajo que tenía en ese momento, que era en un estudio contable, y me incorporara directamente a la Corporación para desarrollar actividades en el área de seguridad. Y me permitió capacitarme entre los pocos profesionales que había en el país en ese momento, estamos hablando de fines de la década del 70, principios de la década del 80, no éramos más de 300 en todo el país las personas que hablábamos de seguridad industrial”.

Ese tiempo fue para Daniel de mucho aprendizaje, “que se lo debo a la Corporación, que es lo que me permite después volcarlo en el Parque Industrial formando brigadas de seguridad, como Jefe de Seguridad a posteriori, como Intendente del Parque Industrial, hasta que en el 97 me incorporo a la municipalidad como Director de Defensa Civil. Ahí el campo se amplía y la necesidad de estudiar surge naturalmente porque después de hacer un mapeo de los riesgos potenciales que tenía la ciudad había que empezar a ver cómo es la forma de prevenirlos, detectarlos, encararlos y solucionarlos eventualmente”.

Su especialización

En ese sentido nuestro entrevistado explica “hay toda una metodología que abarca distintas materias, entre las cuales los fenómenos que más amenazan a la ciudad son los relacionados con la naturaleza: tormentas, vientos, lluvias; las lluvias producen inundaciones pluviales, es decir, dentro de la ciudad, y posteriormente fluviales, es decir, las que llegan por el río. Y ahí llegamos al estudio de las variantes meteorológicas, manejo de estaciones meteorológicas, todo el estudio de la meteorología que puedo llegar a hacer, aclarando que no soy para nada meteorólogo, que es una carrera universitaria. Los niveles desde observador meteorológico hasta las licenciaturas en ciencias de la atmósfera son carreras profesionales de las cuales no tengo grado, pero sí he estudiado mucho por una necesidad básicamente de trabajo”.

“Entre las últimas que más llamó la atención fueron las relacionadas con el fenómeno del Niño, sobre todo por el impacto que produce sobre la ciudad básicamente por las inundaciones fluviales. Y he estudiado mucho sobre el tema y estoy en contacto permanente con los profesionales nacionales y también recibiendo información de los primeros organismos internacionales, básicamente la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) de Estados Unidos, de la Universidad de Columbia y algunas otras fuentes importantes”, informa.

Sin duda que Daniel ha demostrado en su andamiaje por espacios institucionales que cuando encara una actividad le desarrolla a conciencia, sin dejar nada al azar y “llegar a los detalles, a la base del conocimiento, es conocer el porqué. A partir del porqué, vos podés sacar todas las conclusiones. Qué, cómo, cuándo, por qué y para qué son las preguntas que todos debemos hacernos con respecto a cualquiera de los temas. Teniendo la respuesta uno tiene el conocimiento como para aplicarlo, como para transmitirlo y eventualmente para seguir ampliándolo”.

Sus etapas en la Municipalidad

Daniel ingresa a la Municipalidad como Director de Defensa Civil, tiempo que recuerda de la siguiente manera: “Jorge Maradey, que era en ese momento Secretario de Medio Ambiente, quería a toda costa que fuera a trabajar con él. Pero también Silvio Baffico quería que fuera a trabajar con él a Obras Públicas. Así que terminé con una oficina en Obras Públicas, también trabajando en el área de electrotecnia que estaba a cargo del ingeniero Carlos Thea”.

Agrega: “en el año 2000, en la intendencia de Martínez Garbino, la Municipalidad empieza a hacerse cargo del mantenimiento del alumbrado público, porque se quería mejorar el sistema que prestaba la cooperativa eléctrica. Por eso se crea un área directamente destinada al alumbrado público, donde hacíamos todo el mantenimiento. Pero no solo el de reparaciones, sino el preventivo”.

Para dicha tarea, agrega Hernández, “teníamos equipos de gente detectando cuál era la situación de todos y cada uno de los puntos de alumbrado de la ciudad, cómo estaban armados los circuitos y hacíamos lo que se llamaba mantenimiento preventivo. Una persona encargada del relevamiento de la situación salía y detectaba cuáles lámparas que estaban apagadas, cuáles estaban a punto de colapsar y si habitualmente podíamos repararlas, antes incluso de que se produjera el llamado del vecino. También se hizo un trabajo muy importante de recambio completo y mantenimiento de todas las luminarias de las grandes vías (por ejemplo, Urquiza, Rocamora, Primera Junta). Se desmanteló todo y se pusieron a cero kilómetros, con lámparas cero kilómetros, y las lámparas que se retiraban (que estaban en funcionamiento) se aplicaban a soluciones puntuales en otros lados de la ciudad. Eso nos aseguraba una eficiencia y una menor recurrencia de tener que estar cortando el tránsito. Teníamos mejor rendimiento lumínico, es decir, cada vatio que se aplicaba de energía eléctrica se transformaba efectivamente en buena cantidad de iluminación”.

Acota que “también hicimos un relevamiento de todos y cada uno de los puntos de la ciudad cuando se armó el proyecto de la Avenida Parque en 1997, junto con un programa nacional de Uso Racional de la Energía, con la Secretaría General de la Nación y la Universidad Politécnica de Cataluña de Barcelona, que es heredera de las viejas escuelas romanas de ingeniería. Trabajamos mucho con la gente de ahí, aprendimos mucho, y el trabajo de Avenida Parque fue coordinado con ellos. Ahí habíamos instalado un sistema de manejo remoto, por sistemas de radio, desde la oficina podíamos monitorear el funcionamiento de cada una de las luminarias, pero además podíamos regular el flujo lumínico en función de la cantidad de circulación o del horario, bajando la tensión bajábamos la intensidad lumínica y producíamos un ahorro energético de hasta el 30% en cada punto”.

Hurgueteando bajo tierra

Puntualmente recuerda un momento particular, estando como presidente municipal Daniel Irigoyen. “Hablando con él, en oportunidad de la inauguración del nuevo alumbrado de 25 de Mayo y Urquiza (como no había forma de inaugurar columna por columna se hizo un acto en el palco de las retretas de la Plaza San Martín), le pregunto cuándo íbamos a investigar los túneles que estaban bajo nuestros pies en ese momento. Su respuesta, ejecutivo como siempre, no se hizo esperar: ´Cuando quieras, Manguera´. Y empezamos a investigar la existencia de túneles que, según la leyenda urbana más conocida de Gualeguaychú, existían desde la jefatura hasta la catedral y desde la jefatura hasta el río y algunas otras derivaciones”.

Dicho trabajo “lo hicimos durante varios meses y los resultados están publicados en internet en un sitio que se llama www.tunelesengualeguaychu.blogspot.com. Ahí está el informe final, muchas fotografías de las cosas que encontramos, de cómo fue evolucionando la noticia e incluso hay videos”.

Planta de Efluentes Cloacales

Su paso municipal incluyó el inicio de una tarea fundamental relacionado al medio ambiente, íntimamente ligada a Defensa Civil, “justo el 10 de mayo de 2005, día de mi cumpleaños, Irigoyen me hizo un regalo muy particular: me puso a cargo de la planta de tratamiento de efluentes cloacales”.

Cuenta que “orgullosamente la pusimos en marcha y dio en ese momento unos resultados espectaculares, transformando lo que hacía ya muchos años era el vertido crudo de todos los efluentes cloacales de la ciudad al río. Y no solo efluentes cloacales, porque muchas veces barros, combustibles y cualquier cosa iba a parar a la cloaca a través de camiones atmosféricos. Empezamos a corregir un montón de situaciones hasta lograr un saneamiento muy importante, tanto del arroyo del Cura (que era el cuerpo receptor primario del volcado), como del río Gualeguaychú a la altura del arroyo, y posteriormente su descarga en el río Uruguay”.

Para él “esa etapa fue de mucho trabajo, muy satisfactoria, y transformamos lo que podía ser una planta en un verdadero mega laboratorio y con ese concepto trabajaron también todos los empleados sabiendo que ´el patrón´ podía llegar en cualquier momento, y que el patrón siempre fue cualquier vecino que llegara a hacer una consulta”.

Como dato de ese tiempo, en plena lucha por el tema de las pasteras, “subrepticiamente llegó Laflau, el intendente de Río Negro, República Oriental del Uruguay a recorrer la planta y hacer un montón de preguntas porque no creían en Uruguay que tuviéramos una planta de tratamiento cloacal del 100% de la ciudad” y agrega, “dicho visitante parece que fue descubierto por algún vecino que se dio cuenta quién era. Este hombre, sin decir nada, se fue, pero después de haber visto, comprobado y recibido la información de que efectivamente funcionaba y funcionaba muy bien. Eso fue hasta 2008 en que hubo un cambio de gobierno y paso a otra área que es la de medio ambiente y salud. Y después de toda esa etapa ya sigo con lo que era específicamente Defensa Civil y formando gente. Eso en el área municipal”.

Amarras, un tema aún pendiente

Estando como Director de Defensa Civil, supo elevarle al intendente “la inquietud del riesgo potencial que significaba el anuncio y la incipiente construcción del barrio Amarras sobre la margen del río Gualeguaychú. Requiriéndole en ese momento, que convocara a científicos y técnicos que nos determinaran realmente cuál era el impacto que podría llegar a tener en las inundaciones, puesto que yo personalmente entendía (y sigo entendiendo) que la ocupación del valle de inundación, y más en los términos en que se hizo esa obra, iba a impactar negativamente sobre la orilla opuesta (es decir, sobre la costa de Gualeguaychú) en el caso de inundaciones aluvionales provenientes de la cuenca propia del río Gualeguaychú”.

Y acota “como todos saben, se armó una polémica bastante importante, no solo a nivel popular y ambientalista, sino a nivel judicial, que terminó en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Y el municipio local convocó a la Universidad Nacional de La Plata, al director del área de hidrología, el ingeniero Pablo Romanazzi, y a todo un equipo de geógrafos y economistas para evaluar este tema. Y bueno, me tocó trabajar mucho en ese sentido puesto que el aporte de la información local para ellos fue de fundamental importancia”.

“Con esa gente, sobre todo con el ingeniero Romanazzi (que sigue a cargo de la carrera de ingeniería hidráulica en la Universidad Nacional de La Plata) seguimos en contacto y a veces trabajando en algunos proyectos en forma conjunta”, acotando “situación que todavía está sin resolverse lamentablemente, más allá de que hasta la Suprema Corte se expidió, y todos los organismos que debieron haber tomado cartas en el asunto hoy lo tienen dormido. Vamos a tener una lamentable sorpresa en cualquier momento por seguir con la inacción de los organismos que tienen que hacerlo”.

Arbolitos navideños… entre otras cosas

Corría el año 1982, bombero en acción, Daniel decide aprovechar la propia torre de comunicaciones del cuartel con 36 metros de altura, “y con el préstamo por parte de la comisión de carnaval, que organizaba los corsos en 25 y Urquiza y que habitualmente ponía guirnaldas de vereda a vereda con foquitos blancos, se las pedimos prestadas... y armamos un primer gran árbol de navidad”, cuenta animadamente. Si un árbol de Navidad en la torre del cuartel.

Y recuerda “fue de mucho impacto, por eso, años después, conversando con el ingeniero Ísola (amigo y también bombero), que en ese momento estaba a cargo de la secretaría de Obras Públicas, en la intendencia, primero de Manuel Alarcón y luego en la de Luis Leissa, me decía que tenía el encargo de poner guirnaldas sobre los plátanos de la Plaza San Martín y de otras plazas para adornar. Así que le propongo hacer un arbolito de Navidad en serio y le recuerdo ese que habíamos puesto en el cuartel de bomberos y armamos juntos el primer árbol de navidad en la Isla Libertad, en un predio frente al puerto de Gualeguaychú”.

Muchos lo recordarán por el impactó que causó “la gente quedó encantada, al punto que al año siguiente mejoramos la infraestructura y ese arbolito se fue perfeccionando y manteniendo durante muchos años, hasta pasado el año 2000. Con un máximo de 53 metros de altura y más de 7000 lámparas, complementado por un pesebre luminoso. Eso recordaba a toda la grey católica el nacimiento del Niño Dios. Después tuvimos grandes temas de vandalismo y prácticamente se dejó de hacer por el robo de muchos de los elementos. Pero marcó toda una etapa y muchos de los lectores podrán recordar el famoso arbolito de la Isla Libertad”.

Maestro de bomberos

Daniel cuenta una de sus grandes satisfacciones, aquella que se inició “en 2013, cuando se me acercó un ex bombero de Gualeguaychú, residente en Pueblo Belgrano, Mario Flores, pidiéndome una mano para armar un cuerpo de bomberos en Pueblo Belgrano. Lo condiciono a que al menos una maceta de ese nuevo cuartel, llevara el nombre de Javier Íperi, ya que 20 años antes, Javier (también ex bombero de Gualeguaychú) había venido con el mismo planteo. Recuerdo que lo habíamos empezado a hacer, pero la fatalidad le llevó la vida, murió muy joven, así que abortó ese programa, pero no podíamos olvidarnos de que él había sido el pionero”.

Mario Flores, acota Hernández, “le puso ese nombre no a una maceta sino al cuartel entero. Estuvimos trabajando en los inicios y después, bueno, todas las instituciones una vez que las acompañás a dar los primeros pasos deben caminar solas. Así que ya me fui alejando un poco justamente para evitar las influencias y que las instituciones tomen su verdadera identidad con sus protagonistas. Pero siempre seguí en contacto con ellos”.

Parque industrial seco

Año 2019 le llega la jubilación en la comuna “y ya las obligaciones formales cesaron, pero siguen quedando las obligaciones sociales o morales”, aclara como si necesitara explicarlas quien hace de su vida un verdadero compromiso social y moral.

Antes de su retiro, nuestro entrevistado colaboró “en la elaboración del proyecto y dirección del parque de industrias secas, que quedó construido hasta un 70% aproximadamente de su infraestructura, con las redes de agua y cloaca tendidas, el pozo de agua y tanque colocados, el alambrado perimetral de 4 km colocado, calles y bases para el tendido eléctrico listas. Se puede ver en el Google, en el kilómetro 61 de la ruta 14, un ícono en Google Maps que dice ´Parque Industrial Seco", explica.

Ayudando siempre

Dedica buen tiempo “colaborando con todo aquel que tiene que terminar el trabajo final de alguna carrera de ingeniería o arquitectura”, como también “trabajos relacionados con el río. Siempre los archivos son una fuente de información. Muchas veces estamos colaborando con ingenieros y arquitectos en la elaboración de esos trabajos en función de los archivos existentes”.

¿Quién sabe de clima? Quien si no “Manguera”

El más consultado siempre, pero en estos últimos meses con más razón ante la posible llegada del fenómeno del Niño. “Eso está en un estudio permanente, siempre hay consultas, sobre todo periodísticas o institucionales, de cómo está la evolución, qué es lo que se prevé”. En ese sentido, pasó este fin de semana en la sede de la Academia Provincial de Capacitación de Bomberos Voluntarios en Villa Elisa, dando una charla para todos los jefes de cuerpos para hablar justamente de qué es el fenómeno del Niño, cuál es su evolución, cómo está hoy, qué se espera, y cómo manejar algunas situaciones “e informar a las respectivas comunidades, bajo la consigna de siempre: ´alertar sin alarmar´ y de prepararse eficientemente, usando la frase, el caballito de batalla que tenemos siempre: ´Es preferible estar preparado para cosas que no van a ocurrir, a que nos ocurran cosas para las cuales no estamos preparados”.

Una clara consigna que “siempre la ha manejado cualquier bombero, que tiene que prever situaciones de riesgo en su comunidad. Y cuando la gente no sabe a quién llamar, llama a los bomberos. Entonces, todos los referentes de bomberos, al menos que tengan información de cuál es la situación real, formal y científica, con la interpretación de las mismas y la traducción a un lenguaje doméstico para que cualquier vecino pueda entender, sin ser especialista, qué es lo que está pasando”.

El básquet en rojo y negro y su tarea como iluminador 

Recuerda su paso usando la casaca de Central Entrerriano en las canchas de básquet, con la virtud que su altura le podía dar, pero “era lo único que tenía porque era de madera balsa, pero tenía unos petisos pivoteadores al lado mío que eran unos genios. Entonces yo me paraba en la llave, me daban la pelota, saltaban y solamente llegaban a pegarme en el codo, y desde ahí tiraba. Digamos que no me destaqué por mis grandes dotes atléticas, sino más bien por la altura”.

Cuenta también que “después de volver de la facultad estuve trabajando con Darío Gigena en iluminación de espectáculos, muchos en la provincia, como por ejemplo Cantando en el Río, en Gualeguay; el Festival de Tango y Folclore, en el balneario Panizza, de Rosario del Tala; como también iluminábamos las escuelas de ballet de Ofelia C. de Maturano, en Concordia, en Concepción del Uruguay; obviamente El Abrazo Celeste y Blanco durante muchos años. Ahí conocí a todos los artistas, entre ellos a Horacio Guaraní y a Mercedes Sosa”.

También participó con Miguel Silvestrini en muchos de los certámenes de teatro que desarrollaba, que lo llevaron al Teatro 3 de Febrero de Paraná y con Mario Fisher en el Teatro General San Martín, en Buenos Aires.

En ese trabajo “había que empezar a estudiar física. No solo lo eléctrico, sino también toda la parte de desarrollos de óptica, rendimiento de las lámparas, ventilación, disipación de calor, termodinámica... es decir, para hacer un reflector había que estudiar y estudiar de todo porque convengamos que, 40 o 50 años atrás, no teníamos ni la IA, ni Google, había que ir a los libros de física y quemarnos un poco las pestañas. Y experimentar mucho”.

Sin dudas que su aprendizaje estuvo asentado en la práctica, “la mayor parte es autodidacta. Experimentación, estudio y experimentación. Vuelva a las fuentes, vaya al libro, vuelva, practique y ajuste. El conocimiento empírico es la base de mi formación.

Carrozas

No podía dejar de estar en el evento tradicional de las Carrozas de la ciudad. Donde se lo vio “en muchas direcciones de carrozas colaborando en mi época de secundario, con el grupo nuestro de 5to. 2da Comercial, que hicimos ´Laboriosas´, que fue el nombre de nuestra última carroza que nos dio tres primeros premios en cinco años y nos permitió hacer el paseo de fin de curso, prácticamente sin aporte económico propio, porque en esa época las carrozas daban buenos premios. También nos pasó lo mismo con otro grupo de la escuela técnica, egresados de 1983, como técnicos mecánicos electricistas, con muy buenas carrozas. Estuvimos trabajando en esa época; incluso sacaba las vacaciones en mi trabajo para dedicarme exclusivamente a colaborar con su carroza, al punto que después me regalaron que los acompañara a Bariloche, Mar del Plata y todo el recorrido que hicieron como viaje final”.

Bomberos y su profesionalización

Su carrera como bombero arrancó como aspirante, terminando, a nivel local, como jefe y también como director provincial, llegando a conformar la cúpula nacional integrada por cuatro o cinco directores provinciales, hasta que posteriormente las instituciones fueron evolucionando. Las federaciones se reunieron en una Confederación Nacional de Bomberos, y hoy por hoy es el Consejo Nacional de Bomberos Voluntarios el que cubre con su manto a todas las instituciones bomberiles del país.

En cuanto a la evolución de la actividad, Daniel mostró un ejemplo claro de su clara visión de la tarea bomberil. Un adelantado.

“En 1992, como director provincial, me tocó escribir un artículo en la revista del Congreso Mundial de Bomberos que se llevó a cabo en la Argentina. Entonces ahí ya me planteaba ¨qué bombero nos hará falta en el siglo XXI´, qué funciones tendrá, qué filosofía, qué acciones... y las conclusiones eran sencillas: el bombero de los próximos años deberá mantener el espíritu de voluntario sobre una técnica profesional. Su profesionalización deberá volcarse hacia las especialidades debido a la diversidad y complejidad de las materias a manejar; deberá actuar en forma conjunta con la autoridad municipal colaborando con la elaboración de normas legales y asesoramiento al municipio y a la comunidad acerca de su aplicación; deberá dotarse de equipos y elementos eficientes que le permitan realizar con seguridad su peligrosa tarea; deberá educar y formar conciencia de seguridad, cuyos frutos se recogerán en el futuro; deberá transformar la imagen del valiente ´tira agua´ en la de ´administrador de riesgos´ de la comunidad. Todo ello sin dejar de ser un bombero voluntario”.

Y efectivamente, “esa visión que tenía hace 30 o 35 años atrás, se ha cumplido. Y felizmente los bomberos han evolucionado en tecnología, en capacitación, en diversidad. Hoy por hoy, en general, la mayoría de los cuerpos tienen mucho mejor equipamiento que los que nos tocaba en aquella época, y mucha mayor especialización y capacitación nacional e internacional. Así que ahí tengo una doble satisfacción: primero por haber colaborado en eso, y segundo porque la visión que tenía en aquel momento terminó dándose y siendo efectivamente la que era necesaria”.

¿Desde cuándo el apodo “Manguera”?

Reconoce que nunca antes le habían hecho esa pregunta, pero aclara “no tiene nada que ver con el cuerpo de bomberos (primer mito), no tiene que ver con ninguna cuestión anatómica (mito número dos)”, porque “en realidad me dicen Manguera desde los 13 o 14 años en que empecé el secundario”.

Y explica “Manguera en realidad era mi hermano, que, con unos años mayor que yo, cuando empecé el secundario a los 13, uno de los compañeros, con quién estábamos recién conociendo, me pregunta: ´¿Y vos quién sos?´. Cuando le digo ´soy fulano´, me pregunta: ´¿Vos sos el hermano de Manguera?´. ´Sí, soy el hermano de Manguera´. Y ahí me quedó Manguerita. Cuando mi hermano se va de Gualeguaychú, pasé a ser titular y heredero forzado del apodo Manguera, que es de donde proviene”.

Su hermano, Daniel Hernández, se fue de la ciudad, primero a estudiar y después como empleado del Banco de Entre Ríos a Paraná, a Seguí, y demás, y Daniel recuerda “en mi familia siempre estuvimos cerca del ciclismo, al punto que tanto él como yo éramos planilleros en las carreras de bicicletas que se llevaban a cabo, tanto las nocturnas del centro, como las de la costanera, promocionales fundamentalmente. Ahí mi hermano era el planillero oficial, mi padrino, Chueco Raffo, era uno de los organizadores y Coco Paz el relator. Ese era el equipo. Cuando no estaba mi hermano, efectuaba yo los trabajos de planilla y también estaba integrado a ese trabajo”.

Esas anécdotas

Hay una muy significativa que surgió espontáneamente como la más recordada. Con un inicio de película, un desarrollo dramático y un final para sonreír.

Esa historia “primero me dio mucha tristeza, que me acompañó muchos años, y después una satisfacción importante. Como bombero, durante muchos años atendíamos todos los servicios de ambulancia. Gualeguaychú no contaba con servicios de emergencia como tiene en la actualidad, y mucha gente recurría a las ambulancias de bomberos para su atención y traslado, especialmente en emergencias”; inicia.

“En una oportunidad me llaman desde el cuartel para hacer un traslado de una embarazada a punto de tener familia, del barrio Munilla. Vamos a buscarla y, cuando íbamos en viaje hacia el hospital, empieza a producirse el parto. Primero con la rotura de bolsa e inmediatamente la aparición de la criatura, ya el nacimiento en desarrollo. En el momento en que llegamos al hospital, el parto se estaba desarrollando y prácticamente llegué con la criatura en brazos, que se había salido de su madre casi espontáneamente. La mamá, una joven de 16 años”, acota.

“Procedieron las parteras del hospital muy eficientemente, y a los pocos minutos acompañé personalmente, caminando, a la reciente mamá hasta su ubicación en la sala de internación de la maternidad del hospital (que en esa época estaba donde actualmente es la sala de espera de la guardia del Hospital Viejo)”, agrega.

Resulta que “a la semana siguiente, por la frecuencia que teníamos de uso de la ambulancia, llego y pregunto: ´¿cómo está la nena de fulana?´. Y me contestan: ´La nena está lo más bien, dice, quedate tranquilo, pero te vas a enojar mucho con lo que hizo la mamá´. ´¿Qué es lo que hizo la mamá?´, pregunto. ´La abandonó y se fue´. Realmente me sentí muy mal, me enojé muchísimo y empecé a despotricar, a golpear paredes y demás porque eso no se hace. Me intentaron calmar, en esa época evidentemente las adopciones se manejaban de otra forma, y me dicen: ´Mirá, es preferible que esté en cualquiera de estas familias (y me mostraron una lista de 45 familias en espera para adoptar) a que esté donde estaba, con su madre que a los 15 años va a tener dos hijos de distintos padres´, y todo ese tipo de cuestionamientos. Pero yo iba a otra cosa, a que ´ni los perros abandonan a sus crías´. Bueno, me quedé mal por muchísimos años”.

Finalmente, las vueltas de la vida, en una ocasión “siendo Director de Defensa Civil y en una de las evacuaciones, viene una persona y me dice: ´Daniel, ¿usted no se acuerda de mí?´. Le digo: ´No... ¿de dónde tengo que acordarme?. Y me dice: ´Usted le atendió el parto a mi hija´. Y ahí se me vino todo el recuerdo y toda la bronca acumulada durante 17 años. Y antes de que alcanzara a reaccionar, me dice: ´Ella también está evacuada acá, ya se la traigo´ y me cambió el eje porque, evidentemente, la habían recuperado, la habían criado. Aquella partera tenía razón, efectivamente, a los 17 años tenía dos hijos, sí, de distinto padre, pero los había criado y esa familia había recuperado y criado a su hija. Realmente lo que fue enojo y frustración durante 17 años, se transformó en una situación natural y de alegría”.

Acotando “estuve con esa nena a la que había ayudado a llegar al mundo, ya transformada en una madre, con mucha humildad pero con mucha entereza criando a sus hijos. Sí, seguramente el destino de esos chicos o de esa nena hubiera sido diferente criada en otra familia, pero bueno, la vida marcó que tenía que ser así. Así que lo que me amargó durante muchos años, terminó con una tranquilidad y con una alegría del reencuentro muchos años después”.

Ciudadano destacado

Daniel Hernández, bajo el título de “eterno solidario”, fue declarado Ciudadano Destacado de Gualeguaychú, tras una iniciativa presentada por el entonces concejal Luis Castillo, en 2020.

La Ordenanza respectiva aprobada en el Concejo Deliberante local, da cuenta de su vida y de su actividad, que lo hizo merecedor de tal distinción.  

Lo que este cronista debe destacar, valga la expresión, de la omisión de Daniel de dicho reconocimiento al momento de la entrevista, lo que demuestra su humildad y desinterés a ser reconocido mediáticamente.

De hecho, más allá de escucharlo por las radios locales, verlo en la tv o por internet, hablando generalmente del clima, “Manguera”, tiene y mantiene un bajo perfil, lo que habla a las claras de que su historia rica en hechos, para él no necesita de publicidades ni de fama.

Como son las grandes personas.     

Luis Evaristo Alem

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