2026-07-18

Grito sagrado bajo cero: así se vive el Mundial en la Base Belgrano II, el confín de la patria

Entre auroras australes, cuevas de hielo y una conexión satelital que acorta distancias, los 21 integrantes de la base más austral del país -entre ellos un gualeguaychuense- cuentan cómo es hacer patria a través del fútbol.

Mientras en Gualeguaychú el termómetro marca una tarde atípica de 25 grados, en la Base Belgrano II de la Antártida, el gualeguaychuense Pedro de la Concepción y el sanjuanino Mauricio Leiva desafían los 35°C bajo cero para alentar a la Selección.

En los confines del mapa, donde la noche polar manda y el viento congela hasta las ideas, el sentimiento por la Selección Argentina quema con más fuerza que nunca.

Pedro de la Concepción, un militar gualeguaychuense de 31 años, es uno de los protagonistas de esta travesía blanca. Junto a Mauricio Leiva, segundo jefe de la base y oriundo de San Juan, compartieron la intimidad de una rutina donde el fútbol es el puente que los une al continente.

A horas de la final de la Copa del Mundo, donde Argentina buscará revalidar su título de campeón que ostenta desde Qatar 2022 ante España, crece la expectativa y euforia por el partido del domingo a las 4 de la tarde.

 

Sin vecinos y con cábalas de hierro

A diferencia de lo que sucede en cualquier barrio argentino, en la Base Belgrano II no hay gritos de gol anticipados. "Estamos conectados por la antena Starlink y vemos los partidos en una pantalla gigante en el comedor. Lo bueno es que no tenemos vecinos que nos griten el gol antes por el delay", cuenta Pedro entre risas.

La dotación está compuesta por 21 personas de distintos rincones del país: salteños, tucumanos, misioneros, mendocinos y porteños. A pesar de las distancias geográficas de sus hogares, en el comedor de la base todos se vuelven uno solo.

Mantienen los mismos lugares por cábala, cantan el himno abrazados y, cuando la emoción desborda, salen a festejar a la intemperie bajo temperaturas extremas, a veces hasta en remera, impulsados por la adrenalina del momento.

Fútbol en la nieve y el misterio de las auroras

La pasión no se queda solo frente a la pantalla. Antes de que la noche polar cubriera todo, los integrantes de la base organizaban "picaditos" sobre el hielo. Sin embargo, las condiciones imponen sus reglas: "Se puede correr unos 10 minutos, porque entre el frío extremo y el peso del abrigo, el cuerpo no da más", explican.

Pero la Antártida también ofrece recompensas visuales que parecen de otro planeta. Tras uno de los últimos partidos, el cielo se tiñó de colores con auroras australes "inexplicables", un fenómeno que los dejó sin palabras pasada la medianoche.

 

La vida en la cueva de hielo

Más allá del Mundial, la vida cotidiana es un desafío de logística y voluntad. La rutina arranca a las 8 de la mañana con tareas de mantenimiento y apoyo a la ciencia. A las 14 horas llega el momento de "hacer agua": picar hielo y derretirlo para el consumo diario.

Uno de los tesoros de la base es su cueva de hielo, una estructura natural de 400 metros de profundidad donde funcionan una capilla, un museo y el depósito de víveres congelados. "Es como caminar cuatro cuadras bajo el hielo de tu ciudad", describe Mauricio Leiva con orgullo.

Aunque extrañan el abrazo de la familia y el calor del hogar, tanto Pedro como Mauricio entienden que su lugar hoy es ese. "No llega ni el 1% de la población mundial a donde estamos nosotros. Es un privilegio vivir este Mundial desde un lugar diferente y poder contarlo el día de mañana", reflexiona Mauricio.

Este domingo, la Base Belgrano II volverá a ser un solo grito. No habrá caravanas de autos ni plazas llenas, pero en el silencio de la Antártida, 21 argentinos mantendrán la bandera celeste y blanca bien alta, demostrando que para el sentimiento nacional, no existen fronteras ni temperaturas que alcancen para enfriar el corazón.

Fuente: Radio Nacional Gualeguaychú/R2820

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