Simón Bel: el básquet como familia, disciplina y pasión
La primera vez que se puso la camiseta sintió que había encontrado su lugar. “Me sentí dentro de una familia, en un lugar en el que quiero estar, y siempre orgulloso de defender esta hermosa camiseta”.
Con el tiempo, entendió que el básquet ya era parte de su vida: “Siempre tenía ganas de jugar, en cualquier lugar y en cualquier momento”.
Para Simón, el club es sinónimo de disciplina y contención. “Si tuve un día malo, sé que voy al club y vuelvo con una sonrisa en la cara”. Y cuando las cosas no salen dentro de la cancha, lo empuja el amor por el básquet y el apoyo de sus compañeros, que están siempre para alentar.
Entre los recuerdos más valiosos guarda las risas en el vestuario y las bromas de equipo, momentos simples que fortalecen el grupo y quedan para siempre. El básquet también le dejó valores fundamentales: compañerismo, respeto mutuo y la importancia de motivarse juntos para seguir adelante sin bajar la cabeza.
La familia ocupa un lugar central en su camino deportivo. “Es mi fuerte y mi motivación”, destaca, reconociendo especialmente a sus padres, quienes lo acompañaron desde el inicio y lo impulsaron a animarse a este deporte.
Representar al club dentro de la ADBG significa mucho para él: competir, crecer y defender la camiseta frente a otros equipos de su edad. Mirando al futuro, su gran sueño es claro: ganar un campeonato con su categoría. Y al chico que empezó a picar la pelota por primera vez, le deja un mensaje simple y sincero: no bajar la cabeza, seguir entrenando y confiar, porque todo esfuerzo tiene su recompensa.