Un gualeguaychuense vive en el fin del mundo: la historia de Pedro de la Concepción en la Antártida
Desde el barrio Pueblo Nuevo de Gualeguaychú hasta uno de los destinos más extremos del planeta, la vida de Pedro de la Concepción dio un giro tan desafiante como extraordinario. A sus 31 años, este cabo primero del Ejército Argentino atraviesa una experiencia única: pasar el invierno en la Antártida, en la remota Base Belgrano II.
Pedro partió el 20 de enero pasado a bordo del emblemático Rompehielos ARA Almirante Irízar y llegó a destino el 5 de febrero, tras una travesía que -ya de por sí- marca el inicio de una aventura fuera de lo común.
“Todo empezó cuando hice el curso en 2024 para prepararme para venir a la Antártida”, cuenta a R2820 desde el continente blanco. No era su primera aproximación: en 2025 había conocido la experiencia en la Base Marambio, durante la campaña de verano. Pero esta vez es distinto: le toca la invernada, una misión que lo mantendrá aislado hasta principios de 2027.
Su rutina en el continente blanco está lejos de cualquier comodidad. Junto a otros 20 compañeros, trabaja de lunes a sábado en jornadas que comienzan a las 7 de la mañana, con un corte al mediodía, y continúan hasta las 18.

Las tareas son múltiples: mantenimiento general de la base, logística y una actividad vital para la supervivencia diaria. “Picamos hielo para el consumo, porque no contamos con planta de agua. El esfuerzo que hacemos entre todos es para vivir día a día”, explica.
Como conductor motorista, Pedro cumple un rol clave en el funcionamiento de la base y de los vehículos disponibles. Pero más allá de lo técnico, hay una dimensión humana que atraviesa toda la experiencia: la convivencia en condiciones extremas, el aislamiento, y la distancia con los afectos.

Hijo de Pedro de la Concepción —suboficial principal retirado del Ejército— y de Claudia Talma, creció en una familia numerosa, siendo el segundo de cinco hermanos.
Su historia con la fuerza comenzó en 2013, cuando ingresó al Regimiento de Caballería de Exploración 12 de Gualeguaychú. Durante siete años fue soldado voluntario, hasta que decidió dar un paso más y formarse como suboficial.

En Gualeguaychú dejó gran parte de su vida: allí cursó sus estudios, allí nació su hija, Isabella Paulina, a quien define como “la luz de mis ojos”. También allí están sus raíces, esas que lo acompañan incluso en el rincón más austral del país.
Uno de los gestos más significativos de su viaje resume ese vínculo: Pedro llevó consigo una bandera de Gualeguaychú hasta la Antártida. Su intención es traerla de regreso y entregarla al municipio como símbolo de esta experiencia. Un puente entre dos mundos completamente distintos, unidos por la historia de un vecino que hoy representa a su ciudad en el extremo sur del planeta.
En medio del hielo, el viento y las largas noches antárticas, la historia de Pedro no es solo la de un militar en misión. Es la de un gualeguaychuense que, con esfuerzo y vocación, defiende nuestra soberanía y lleva su identidad a uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra.