02/07/2026

La “femme fatale” que la rompía en la TV, volvió a Entre Ríos y trabaja en una estación de servicio

Sandra Ballesteros protagonizó varios éxitos de la pantalla chica; sin embargo, un viaje a la India despertó una curiosidad espiritual que le cambió la vida para siempre.

La última aparición en televisión de Sandra Ballesteros fue en Lalola (2007), la ficción que protagonizaron Carla Peterson y Luciano Castro en la pantalla de América TV.

Por cuestiones de trama, “Vicky”, su personaje, no solo la obligó a salir de la producción, sino también a replantearse algunas cuestiones.

La actriz, que en ese entonces tenía 46 años, tuvo una especie de “visión mística” que la llevó a replantearse su vida tras un viaje a la India. “No necesitaba tanta exposición ni transitar el ‘hacia afuera’”, sino que buscaba trabajar con mi interior”, expresó en 2022 en su última entrevista. 

Su salida de la televisión marcó el cierre de una etapa dorada. Para el público, Ballesteros era una cara imprescindible de la pantalla y el cine nacional, recordada por sus papeles en ficciones emblemáticas como Gasoleros, Verano del 98 o Resistiré, y por su consagración cinematográfica en películas como El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela.

Dejar atrás esa carrera tan consolidada fue, justamente, lo que le dio dimensión a su cambio de vida.

Hija única, tras su travesía por el país asiático, decidió instalarse en Villaguay, donde sus padres tenían una estación de servicio. “Fue algo tan definitivo que cuando mi papá me contó que había puesto en venta la estación de servicio de Villaguay, le dije casi sin pensarlo que no la vendiera, que yo me iba a hacer cargo”, recordó en 2022 sobre aquel cambio de rumbo. 

En su nuevo hogar, y mientras se ocupaba del negocio familiar, Sandra entendió que lo que realmente necesitaba era reconectarse con la espiritualidad.

Así fue como, a través de un llamado que sintió desde la música, encontró un nuevo propósito en el servicio comunitario. ”Dirijo un coro, monté un vía crucis viviente y un pentecostés con gente del lugar, que no son actores. Hace años que pertenezco a un grupo de oración que se llama Abba Padre en la Iglesia Santa Rosa de Lima, y pertenece a la Renovación Católica Carismática, una corriente de la Iglesia católica que invoca al Espíritu Santo”, sostuvo. 

Y completó: “No quiero cantar ninguna otra cosa que no sea para Dios. Es algo que sale de mi corazón. Tampoco soy fanática, escucho otra música, pero cuando canto algo para Dios, me transporto al cielo, y soy feliz y plena”. 

Hoy, los días de la actriz transcurren en la tranquilidad de esa pequeña ciudad entrerriana, donde atiende personalmente la YPF del centro, un espacio que fue refaccionado casi a nuevo en 2019. Para ella, estar al frente del negocio implica mucho más que despachar combustible: lo vive como una forma de brindar servicio y ayuda a los demás, bajo la firme convicción de que el bienestar colectivo es fundamental. 

Su nueva rutina en la provincia se complementa con una huerta orgánica propia que le provee alimentos frescos cada día, un excedente que además suele compartir con su entorno.

Esta conexión con la naturaleza también modificó sus hábitos culinarios; aunque en Buenos Aires mantenía una dieta vegana estricta, la vida en el interior y las costumbres locales la llevaron a flexibilizar su alimentación para compartir los tradicionales asados con sus allegados.

No obstante, mantiene un profundo respeto por los animales, por lo que las verduras, frutas y legumbres. Hija única de Irma y Héctor, Sandra disfruta de un presente armónico al repartir su tiempo entre el comercio, la fe y los encuentros cotidianos con su familia, a quien visita casi a diario.

Aunque sus días son totalmente distintos a aquellos que transcurrían en los sets de grabación, Sandra no extraña su pasado artístico. Según reveló, le gustaba actuar, trabajar en cine y teatro, pero no le ocurría lo mismo con la televisión, la cual aseguró “padecer”.

“Me daba muchos nervios y ansiedad que no hubiera tiempo para estudiar, pero lo hacía porque era un trabajo”, indicó al mismo tiempo que destacó “tenerle un cariño especial a Resistiré, ”una novela que rompió con muchos parámetros, se metió con temas truculentos y fue bastante oscura". 

Además de este presente volcado a la plenitud espiritual, la actriz albergaba hasta hace unos años un profundo deseo personal: la posibilidad de adoptar un niño o una niña de entre 10 y 15 años. Hoy, resguardada de los focos mediáticos y con una escueta actividad en las redes sociales, el desenlace de ese proyecto permanece en la intimidad de su nuevo refugio entrerriano.

Fuente: La Nación