23/08/2026

A 123 años de su muerte, recuerdan a Fray Mocho

Las páginas de Caras y Caretas conservaron las imágenes de su despedida y los recuerdos de sus contemporáneos. El Museo Casa Natal recupera esos testimonios en un nuevo aniversario de su fallecimiento.

Cada 23 de agosto, el Museo Casa Natal de Fray Mocho recuerda el fallecimiento de José S. Álvarez, escritor y periodista nacido en Gualeguaychú y conocido por el seudónimo que trascendería su propia vida: Fray Mocho.

Las páginas de Caras y Caretas conservan un particular testimonio de aquel agosto de 1903. Apenas unos días después de su muerte, la revista dedicó parte de su edición a despedir a quien había sido su fundador y a recordar no solo al escritor y periodista, sino también al compañero con quien muchos de sus integrantes habían compartido años de trabajo.

El Nº 256, publicado el 29 de agosto de 1903, incluyó un homenaje a José S. Álvarez. Su nombre continuaba ocupando un lugar destacado en la cabecera, donde aparecía como fundador, mientras la Redacción expresaba el dolor provocado por su ausencia.

Las fotografías sumaron otra dimensión a aquella despedida. Caras y Caretas registró las coronas enviadas en su homenaje, el cortejo fúnebre camino a la Recoleta y la multitud reunida durante la ceremonia. Entre esas imágenes aparece también Carlos Correa Luna pronunciando un discurso en nombre de la Redacción.

Más de un siglo después, ese registro permite dimensionar la repercusión que produjo su muerte. Pero junto a la figura pública aparece también otra historia: la del hombre detrás de Fray Mocho.

En “Álvarez íntimo”, Martiniano Leguizamón escribió desde el recuerdo de una amistad de treinta años, iniciada en las aulas del Colegio del Uruguay. En sus palabras reaparece el amigo con quien había compartido conversaciones, recuerdos y afectos durante décadas.

Leguizamón recuerda también al hombre que había llegado a Buenos Aires “pobre y desconocido” y que, a fuerza de trabajo, había construido su lugar como escritor. Su evocación recupera su capacidad para contar historias, su humor, su ironía y, especialmente, aquella particular habilidad para observar a las personas y convertir caracteres, escenas y costumbres en relatos.

Entre esos recuerdos aparece una frase que vuelve la mirada hacia su tierra. En un momento de tristeza, Álvarez le habría dicho a su amigo: “Yo soy duro, Martín, como los ñandubayses de nuestra tierra”.

La mirada de Leguizamón permite comprender también el valor que sus contemporáneos atribuían a su escritura. Los personajes y tipos populares retratados por Fray Mocho permanecerían, según su amigo, como documentos de una época, capaces de conservar costumbres y formas de vida para las generaciones futuras.

Hay algo especialmente significativo en volver hoy sobre aquellas páginas. Fray Mocho había hecho de la escritura y la prensa una manera de observar y contar su tiempo; después de su muerte, fueron sus amigos, sus compañeros y la propia prensa quienes dejaron testimonio sobre él.

A 123 años de su fallecimiento, estos documentos permiten hacer algo que una fecha por sí sola no puede: recuperar las voces de quienes lo conocieron, observar las imágenes de su despedida y acercarse a algunos rasgos de su personalidad a través de los recuerdos de sus contemporáneos.

En este Mes de Fray Mocho, volver a esas páginas es también una manera de comprender el valor de su preservación. Allí permanecen no solo la trayectoria del escritor y periodista, sino también la memoria del hombre, de sus vínculos y de la época que le tocó vivir.

Hoy, aquellas páginas de Caras y Caretas y las palabras de quienes compartieron su vida son documentos históricos que permiten regresar a aquel agosto de 1903 y mantener viva, desde Gualeguaychú, la memoria de José S. Álvarez, Fray Mocho.