2026-04-03

Una multitud se conmovió con el Vía Crucis Viviente en Costanera

En la noche de este Viernes Santo, iglesias de la ciudad concretaron una nueva edición del Vía Crucis Viviente, frente a plaza Almeida, con miles de vecinos y visitantes que vivieron una representación de profunda emoción, recogimiento y reflexión.

La actividad contó con la participación del intendente Mauricio Davico y fue organizada de manera conjunta por el Gobierno municipal, a través de Ceremonial y Protocolo, e iglesias cristianas de la ciudad.

Participaron Sagrado Corazón, Nuestra Señora de Lourdes, San Juan Bautista, Catedral San José, Iglesia Luterana, Iglesia Evangélica del Río de la Plata y Cristo Rey.

El evento reunió a una multitud que se ubicó en sillas, en las reposeras, y en cuatro tribunas dispuestas estratégicamente para que se pudiera visualizar toda la representación, las que fueron colmadas de público.

En un clima de respeto y silencio compartido, cada escena fue acompañada con atención y sensibilidad, generando momentos de introspección colectiva.

En esta edición, el Vía Crucis Viviente, que sumó unas cien personas en escena, sonido profesional y música en vivo, incorporó una novedad en su puesta en escena: cada una de las siete estaciones contó con un espacio propio de representación, diferenciándose de la disposición utilizada el año anterior y permitiendo una mejor apreciación de cada momento, desde cualquier ubicación.

Además, pantallas gigantes reproducían lo que ocurría en cada escena, favoreciendo una experiencia más cercana e inmersiva.

El recorrido comenzó con la entrada de Jesús en Jerusalén, donde fue recibido con entusiasmo por el pueblo, invitando a reflexionar sobre la necesidad de ir más allá de la mirada superficial y buscar un encuentro verdadero con Dios. Luego, el lavatorio de los pies y la Última Cena pusieron en valor el amor como servicio y entrega, incluso en medio de la traición, destacando la importancia del perdón y la fraternidad, valores que interpelaron a los presentes.

La tercera estación, en Getsemaní, mostró la angustia y soledad, pero también la confianza en la voluntad de Dios, generando un clima de profunda empatía y recogimiento, e invitando a reflexionar sobre la importancia de acompañarse mutuamente en los momentos difíciles. Posteriormente, Jesús ante Pilato reflejó la injusticia, indiferencia y las decisiones marcadas por el interés individual, despertando una mirada crítica sobre la realidad cotidiana y el compromiso con el otro.

La crucifixión constituyó el momento de mayor intensidad emocional, atravesado por el silencio y la conmoción del público, proponiendo una profunda reflexión sobre la compasión, dignidad de toda vida y el lugar que cada persona ocupa frente al sufrimiento ajeno..

La sepultura, en tanto, expresó el silencio y la incertidumbre, pero también una esperanza latente, aún en medio del dolor.

Finalmente, la representación culminó con la Resurrección, como mensaje central de la fe cristiana: la vida que vence a la muerte y renueva la esperanza. “Cristo vive y es nuestra esperanza” fue el mensaje final compartido con los presentes, en un cierre que invitó a renovar la fe y la esperanza en comunidad.

De este modo, el Vía Crucis Viviente ofreció un recorrido que, desde la expectativa inicial hasta la esperanza renovada, atravesó el servicio, el dolor, la injusticia y el silencio, consolidándose como una propuesta que no solo convoca, sino que también conmueve y fortalece los valores de la solidaridad, la empatía y el encuentro comunitario.

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