07/06/2023

Una absenta para reflejar la pobre vida de un taller literario sin valores humanos

ABSENTHA, la obra vista en nuestro Teatro mayor este fin de semana, mereció más espectadores. Escribe Julio Majul

No fueron pocos, sino menos de lo merecido, los espectadores que presenciaron ABSENTHA, la obra con que hizo su primer trabajo el nuevo grupo teatral La Rutilante.

Cuatro impecables actores dieron brillo a una obra a veces opaca, una comedia de humor tan ácido que tiende a negro.

DE QUÉ SE TRATA


Absentha (o Absenta) es el nombre del ajenjo, una bebida que tuvo apogeo en la última parte del siglo XIX y primera del XX. Era conocida por su poderío para cambiar el cerebro humano por un lapso determinado; dicen que fue luego de una toma de ajenjo que Van Gogh se cortó una oreja y la obsequió a una prostituta, por ejemplo.

La obra se desarrolla íntegramente en un taller literario bonaerense, al que asisten tres aspirantes a la fama, y dirige un veterano de vuelta de las pasiones literarias.

Tras varias sesiones, en las que el autor despliega sus textos preñados del humor antes referido, y los actores hacen notar la consustanciación con sus personajes (todo marcado por una dirección impecable en todos los detalles), llega el momento que el director convida a sus alumnos con ajenjo, lo que provoca diferentes reacciones en ellos.

Luego, la acción sufre un paréntesis que se reanuda tres años después, y muestra los cambios que la vida ha producido en cada personaje. Y esta es, en una síntesis extrema, la trama que urdió Alejandro Acobino, el autor.

LOS ACTORES


Una obra cuasi literaria, con ningún cambio de escena y escasa acción prevista, necesita de actores que vibren con sus personajes, y hagan vibrar a quienes asistimos al eterno juego de fingir que lo que los actores fingen en el escenario es real. O sea: el eterno y maravilloso juego del teatro.

Y también necesita una dirección firme y propiciante de inventivas actorales, como la que exhibe Emiliano Farías, una vez más. Dardo Arenas es el director del taller, impecable desde lo gestual y convincente de su rol.

Mario Damer es el alumno, a ratos rebelde, a ratos sumiso, que suple su falta de talento con inquietudes de reminiscencias vitales por las que atravesó. Guillermo Cergneux es el que mayormente quiere sentir al maestro cerca de sus ideas, que aspiran a ser mejores de las que él puede dar.

Juan Domé exhibe sus estupendas condiciones actorales, su manejo corporal a ratos deslumbrante, sus cambios de voces que muestran sus humores; en fin: se muestra como el gran teatrero que es.

EN RESUMEN


Se trata de un espectáculo donde lo mejor está en el cuarteto actoral, que dan vida y tornan ágil un texto denso, con un escenario invariable.

Otro espectáculo local que merece un público mayor que el que tuvo, por un grupo novel que ojalá desarrolle toda la (enorme) potencialidad de sus integrantes.