Politiqueando: por Bernardo dei Maquiavelli
Cristina: que el árbol no tape el bosque
Hoy condenada, es cierto y que esa condición sin lugar a dudas se convierte en el árbol que tapa el bosque, porque detrás de ella hay una historia, hay gestiones, luchas varias, como marchas y contramarchas de una mujer que supo imponerse en una sociedad más que machista, provocando durante un largo tiempo, amores profundos como odios profundos.
Los sigue provocando aún en las actuales condiciones.
Lo primero que hay que reconocer es que ella ha sabido dirigir al país bajo sus convicciones profundas, cercanas al peronismo puro y auténtico, lo que despertó la mística del 45 (si se me permite la expresión) del propio nacimiento del movimiento político que se llama Partido Justicialista, teniendo a un líder que resume el seudónimo de Partido Peronista, conjuntamente con Evita.
Y al nombrarla quizás muchos piensen que Cristina siempre haya querido parecerse a quien movilizó a los descamisados el 17 de octubre de1945, quizás si, como la mayoría de las mujeres militantes del PJ. Pero con el paso del tiempo, hasta se haya sentido como ella, sobre todo por perseguida y hostigada, como suele suceder con las mujeres triunfadoras en este país y aquí puedo incluir hasta la mismísima Susana Giménez, la gran Mirta, que sea por lo que sea siempre son observadas con mayor detenimiento que el resto.
Al resumir la actualidad de Cristina se pretende minimizar su acción de gobierno, sus logros, su pragmatismo a la hora de ejercer sus gestiones sin dudas y con grandes convicciones, que por tratarse de ella siempre fueron duramente cuestionadas.
Pese a quien le pese.
Ojo, quiero aclarar que este no es un escrito para defenderla o ponderarla, si de reconocer su aporte, con aciertos varios y con grandes no aciertos, esos que fueron permanentemente resaltados por una suerte de complot mediático comunicacional orquestado de manera brillante por sus detractores.
Eso no solo ha provocado el deterioro de su imagen y su grupo político en un amplio sector de la sociedad argentina, pero también el refuerzo positivo para quienes la admiraban que pasaron a amarla.
Y hoy Cristina es funcional al gobierno de turno, como lo fue cuando Mauricio Macri era presidente, porque ella representaba a los sectores populares mientras el mencionado período, del ex presidente de Boca, como del actual de Javier Milei, representan a los sectores más ricos y poderosos del país.
La pregunta es porqué tanta gente la quiere, como porqué tanta gente no.
Y he aquí reconocer, subjetivamente claro, que quienes la aman lo hacen de verdad, munidos por un sentimiento real y concreto, auténtico como transparente, impulsados por la obtención de derechos, generalmente que apuntaron a la mayoría, a ese sector más humilde de la sociedad, identificada por los movimientos populares, como lo es el peronismo.
Y quienes no la quieren, impulsados por esa movida mediática que le escupe odio permanentemente, aún hoy a tantos años de haber sido electa presidenta o vice-presidenta, condenada y proscripta como está hoy.
Y aquí cabe también preguntarse porqué tanto odio. Una pregunta que deberían responderse quienes, como varios periodistas claramente identificados, la siguen defenestrando, atacando, molestos hasta el hartazgo de no soportar que, por ejemplo, salga al balcón de su casa donde está detenida, a saludar y que enfurecen cuando baila. Enfermizo ya…
Sin dudas que por ambas razones Cristina no es una mujer cualquiera, no es una dirigente cualquiera, que supera lejos la media de la mayoría de la dirigencia nacional. Y eso duele… a muchos…
Funcional a los gobiernos de derecha que han venido gobernando, incluso el que llevó delante de manera paupérrima el terco de Alberto Fernández, sobre todo para distraer con ella las malas acciones de las gestiones.
Cavaron media Patagonia buscando bóvedas y todos como unos bobos atentos a esas puestas en escena que nunca resultaron como esperaban, típicas cortinas de humo.
Así Cristina sigue siendo el centro de atención, un lugar en la que ella se siente muy bien. Es soberbia. Dicen que típica mandona y seguramente se hace lo que ella quiere.
Y ella quiere hoy que los argentinos sigamos hablando de ella. Vaya si lo logra. Nos guste o no.
Y no hablamos de ella como de cualquier otra persona, ni hablar de otra mujer. Es única. No hay otra igual. Es Cristina y todos sabemos de quien se trata.
Y esto que sirva, al menos desde mi perspectiva, para el resto de quienes supieron destacarse, que actuaron, que se la jugaron por sus proyectos, por sus ideas… si ya sé, que la realidad nos muestra una foto en la que sobresalen cuestiones y acciones impresentables, pero si no respiramos un poco de aire puro o contamos hasta 20, nunca vamos a tener la posibilidad de, ni siquiera, nombrar a quien pueda estar “libre de pecado” o de “algún pecado”, al menos.
Y en el caso de Cristina, quien se encuentra seguramente en los últimos años de su militancia y carrera política, nadie “le quita lo bailado”. Nadie. A pesar de que también sus propios compañeros la quieren lejos de la opinión pública.
Pero que el árbol no tape el bosque. Hay mucho detrás de ella.
Bernardo dei Maquivelli