Opinión |Sheila Rougier (*)

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07/04/2026

Gualeguaychú y la Luna: del Admiral de 17 pulgadas al streaming espacial

Hace más de cuatro décadas llegó a Gualeguaychú el primer televisor. Aquel aparato Admiral de 17 pulgadas, traído desde Buenos Aires por el apasionado técnico Armando Mettler, marcó el inicio de una nueva forma de conectarse con el mundo.

La imagen era tenue, muchas veces atravesada por rayas e interferencias, y dependía de antenas caseras que buscaban captar señales lejanas. Aun así, la novedad despertaba una enorme fascinación. Un aviso publicado en el diario invitaba a los vecinos con entusiasmo: “Televisión” —con signos de admiración— invitaba a presenciar cualquier programa todos los días de 21 a 24 en el domicilio de Perú 8. Allí, frente a esa pequeña pantalla en blanco y negro, comenzaron a reunirse vecinos curiosos para descubrir una tecnología que parecía casi mágica.

A través de aquellos primeros televisores, la ciudad empezó a presenciar acontecimientos que ocurrían a miles de kilómetros: mundiales de fútbol, noticias internacionales y, años más tarde, uno de los momentos más trascendentes de la historia de la humanidad: la llegada del ser humano a la Luna con la misión Apollo 11.

Más de medio siglo después, la tecnología volvió a transformarse. Las transmisiones ya no dependen de antenas improvisadas ni de pantallas pequeñas. Hoy, los grandes hitos científicos pueden seguirse en tiempo real a través de internet y plataformas digitales desde computadoras, televisores inteligentes o teléfonos móviles.

Así, desde Gualeguaychú, el camino que alguna vez comenzó con un Admiral de 17 pulgadas continúa ahora en nuevas pantallas. Si en 1969 muchos pudieron ver la llegada del hombre a la Luna a través de la televisión, hoy la humanidad vuelve a emocionarse con la misión Artemis II, que llevó 4 astronautas a viajar alrededor de nuestro satélite natural.

De aquel televisor reunido en una casa de la ciudad al streaming global que hoy conecta al planeta entero, la tecnología cambió profundamente. Pero la emoción de mirar hacia la Luna y sentir que estamos presenciando un momento histórico sigue siendo la misma.

(*) La chica del Telescopio