Monseñor Zordán pidió “vestir el corazón de celeste y blanco” y reclamó diálogo para reconstruir el bien común
En una fecha cargada de símbolos patrióticos, el obispo de Gualeguaychú, monseñor Héctor Zordán, eligió una vez más el camino de la reflexión profunda. Su mensaje por el 9 de julio no se limitó a una evocación histórica de la Declaración de la Independencia de 1816, sino que propuso una lectura espiritual y política sobre el presente argentino, atravesado por tensiones sociales, dificultades económicas y una creciente dificultad para construir consensos.
Para esto, Zordán tomó una imagen presente en la vida cotidiana de los argentinos: las banderas celestes y blancas que aparecen en casas y espacios públicos, y el grito de “¡Argentina, Argentina!” que suele acompañar las gestas deportivas.
El obispo valoró esa expresión de identidad nacional, pero advirtió que el aniversario patrio exige una mirada más profunda. “Es genial que una gesta deportiva nos haga valorar y ahondar en nuestra identidad como pueblo”, señaló, aunque remarcó que el 9 de julio invita a renovar la conciencia sobre la independencia conquistada, la libertad construida a lo largo de dos siglos y la democracia como una responsabilidad permanente.
“Es necesario que se nos vista el corazón de celeste y blanco”, expresó, en una frase que sintetizó el eje espiritual de su mensaje: la Patria no como una consigna externa o una bandera que se porta, sino como un compromiso interior que debe traducirse en acciones concretas.
Una lectura bíblica para pensar la Argentina actual
El obispo eligió como referencia el libro del profeta Jeremías y el episodio del exilio del pueblo de Israel en Babilonia. Una comunidad desarraigada, lejos de su tierra y atravesada por la angustia, la nostalgia y la pérdida.
Sin embargo, destacó que el mensaje de Dios a través del profeta no fue el aislamiento ni la resignación, sino una invitación a comprometerse con la realidad del lugar donde se vive: “Busquen el bienestar de la ciudad donde viven, porque de su bienestar depende también el de ustedes”.
Desde esa perspectiva, Zordán trasladó la enseñanza bíblica al presente argentino: una sociedad que no puede encerrarse en sus problemas individuales ni mirar la realidad desde la distancia.
“La tentación más fácil es refugiarse en las propias preocupaciones o en los propios males”, planteó. Frente a eso, propuso recuperar una ciudadanía activa: “Estamos llamados a pasar de ser meros habitantes de este suelo a comportarnos como ciudadanos de esta querida Nación”.
La definición contiene una fuerte dimensión política: para el obispo, la construcción de la Patria no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos o de las instituciones, sino una tarea colectiva que involucra a cada integrante de la sociedad.
El tramo más fuerte del mensaje estuvo centrado en la necesidad de recuperar el diálogo como herramienta para la convivencia democrática.
Zordán afirmó que “el compromiso por el bien común en nuestra Patria debe tomar una forma muy concreta: el diálogo”, aunque advirtió que esa capacidad está “herida de muerte” por prácticas cada vez más frecuentes: la descalificación, el insulto, la agresividad permanente, la exclusión de quien piensa distinto y la violencia que muchas veces se potencia desde las redes sociales.
Sin mencionar sectores políticos específicos, el planteo alcanzó a toda la dirigencia y a la sociedad en general. La crítica apunta a una dinámica pública donde el enfrentamiento suele reemplazar la búsqueda de acuerdos y donde la diferencia aparece muchas veces como una amenaza.
Para el obispo, no se trata de promover un diálogo vacío o una búsqueda superficial de armonía, sino de un encuentro que permita alcanzar soluciones reales. “Necesitamos un diálogo fecundo que busque sinceramente el bien de todos”, sostuvo.
En su mensaje también hubo un llamado directo a quienes tienen responsabilidades públicas. Al recordar las enseñanzas del papa Pablo VI sobre el diálogo, Zordán enumeró cuatro condiciones necesarias: claridad, afabilidad, confianza y prudencia.
La claridad implica decir la verdad de manera comprensible; la afabilidad supone abandonar la agresión y reconocer al otro como un compañero de camino; la confianza invita a creer que existen puntos de encuentro; y la prudencia exige escuchar, comprender y buscar soluciones compartidas.
“Cuando el diálogo se vive de esta manera, se realiza la unión de la verdad con la caridad, de la inteligencia con el amor”, recordó el obispo citando la encíclica Ecclesiam Suam.
En ese punto apareció uno de los mensajes políticos más importantes de su discurso: “¡Qué desafío tan grande para nosotros, los dirigentes de nuestra sociedad!”, expresó, ubicando a quienes ocupan cargos de responsabilidad frente a la necesidad de abandonar la lógica de confrontación permanente.
La Patria como tarea colectiva
El mensaje de monseñor Zordán se inscribe dentro de una línea histórica de la Iglesia argentina que entiende la construcción nacional desde la perspectiva del bien común, una idea resumida en la frase de la Conferencia Episcopal Argentina: “La Patria es un don, la Nación una tarea”.
En el aniversario de la independencia, el obispo propuso una mirada que une la espiritualidad con la vida pública: la libertad no como un logro definitivo del pasado, sino como una tarea cotidiana; la democracia no solo como un sistema institucional, sino como una práctica basada en el respeto; y la identidad nacional no solo como una emoción colectiva, sino como un compromiso con el otro.
En un escenario marcado por divisiones y dificultades para encontrar acuerdos, la invitación final de Zordán fue clara: construir una Patria de hermanos requiere recuperar la capacidad de escucharse, dialogar y trabajar juntos.
“Que Jesucristo, el Señor de la historia, nos conceda la sabiduría para dialogar buscando siempre el bien común y la generosidad para trabajar unidos por una Patria de hermanos”, concluyó.